miércoles, 12 de marzo de 2014

Antes muertos que sencillos


                Sólo quedamos nosotros amigos, todo el mundo es tonto o moderno.

                (Antonio Resines en "Acción mutante")

  

 


Como vimos con la historia de Roman von Ungern-Sternberg las crisis pueden llegar a resultar propicias para quienes saben y pueden aprovecharlas. En su caso contamos una historia de crisis política y social, de guerra, un contexto de caos que un aventurero sin escrúpulos aprovechó para intentar conseguir poder. Pero lo cierto es que las crisis económicas también suelen ser un entorno propicio para aventureros de no tan distinto calibre.  

La actual crisis económica está, por supuesto, machacando a los más desfavorecidos, también está haciendo mucho daño a las clases medias, pero lo anterior no parece tan claro cuando hablamos de los sectores de renta alta o muy alta. Por ejemplo, los últimos años el mercado del lujo no deja de crecer y de arrojar beneficios obscenos, como reflejan las cuentas de resultados de muchas marcas que operan en él. No paran de venderse yates o Ferraris mientras desciende el consumo de ropa, carne o fruta. Todo eso es materia de otro debate, pero me sirve para poner sobre la mesa algo que me parece curioso: en ocasiones los sectores más altos de la pirámide de rentas encuentran en coyunturas como la actual -de desplome de precios y caída de los salarios- un entorno propicio para aumentar aún más sus fortunas o al menos conservarlas y así agrandar todavía más las diferencias sociales con las clases populares menos favorecidas, las cuales no aumentan sus rentas ni siquiera las mantienen  sino que ven empeorar claramente su situación.

     A fin de cuentas el estado de cosas presente ofrece ciertas oportunidades a los poquísimos que disponen de dinero líquido con el que invertir. Usted ya lo habrá notado en cierta forma con la proliferación de esas siniestras tiendas con un letrero de “Compro oro” en todas las ciudades; pues bien a mucha mayor escala ocurre más o menos lo mismo para aquel que pueda invertir por ejemplo en deuda del Estado con intereses altísimos o en la compra de empresas a precio de saldo. Pero claro, tú y yo bastante tenemos con llegar a fin de mes.  

Pues bien, esta entrada de hoy voy a dedicarla a analizar someramente lo que, a mi juicio, está ocurriendo con el mercado del arte, sobre todo el arte moderno, en relación con lo anterior. No se trata de discutir filosóficamente sobre valores estéticos, simplemente primero voy a dar unos datos.   

Vamos a ver, empezaré por señalar que las grandes casas de subastas de arte incrementaron sus ventas en 2012 en más de un 10% respecto a 2011. En 2011 a su vez esas ventas crecieron un 14% respecto a 2010. En ese año 2012 entre las grandes ventas se documentan por ejemplo el precio más caro de la historia por un dibujo, un mero boceto, la Cabeza de joven apostol de Rafael, vendida por 36,6 millones de euros. Ese mismo año se pagaron además 13 millones de euros por una acuarela meramente preparatoria de Los jugadores de cartas de Paul Cézanne. 

También ese mismo año se pagó el precio más caro pagado nunca por un cuadro de un artista todavía vivo, la obra elegida fue Abstraktes Bild 809-4 (cuya foto podemos ver debajo), de Gerard Richter, por la que se pagaron 26,6 millones de euros. 

                      

En cuanto a artistas ya fallecidos ese mismo año de 2012 se pagaron más de 91 millones de euros por una de las cuatro versiones de El grito que pintó Munch. Incluso en ese mismo año se vendió por 370.000 euros una de las tres versiones de ese cuadro realizadas por Andy Warhol, The scream (After Munch).

Por si fuera poco, centrándonos en el año pasado, 2013 (del que ya se disponen datos completos) puede decirse que continuó la tendencia al crecimiento mencionada, e incluso se acentuó. Eso es así  no solo en lo tocante a ventas en subastas sino entre las cada vez más suntuosas y frecuentes ventas privadas directas, sin intermediarios, entre coleccionistas y propietarios de obras (aunque en cuanto a los datos que voy a ofrecer aquí me centraré sobre todo en los movimientos en las grandes casas de subastas que son el entorno del que se dispone, por razones obvias, de unos datos más completos y exactos). De hecho puede afirmarse que el mercado del arte vivió en 2013 el mejor año de su historia. Solo en salas de subastas se comerciaron obras por valor de 8.737 millones de euros. Un 13% más sobre los 7.714 millones de euros registrados en 2012 que ya eran un record. Cifras a las cuales, además, habría que sumar las comisiones que cobran las casas de pujas por las transacciones, así como los impuestos. Por ello habría que aumentar las cifras anteriores más o menos entre el 10 y el 20% para acercarnos al volumen total de capital real que se movió solo en esa franja superficial (como digo las obras vendidas en las grandes casas de subastas sin contar pequeñas subastas o ventas privadas) del comercio mundial de arte.  

La tendencia al crecimiento en este mercado es tan clara que en 2013, por ejemplo, se fijaron más 15.000 nuevos precios máximos para diversos artistas. 

Lo que es más, si nos fijamos no tanto en las cifras globales y recorremos distintos tipos de obras de arte la tendencia no cambia. No solo en la pintura sino que en escultura, la obra gráfica o los dibujos no dejan de aumentar de precio. Según datos aportados por páginas como artprice en los últimos diez años los precios de las fotografías “artísticas” subieron un 25%, los cuadros de grandes genios de la pintura han visto aumentar su precio en subasta aproximadamente un 27%, las esculturas un 28%, los grabados un 38% y los dibujos nada menos que un 185%. Existe pues una clara tendencia inflacionaria que yo diría tiene mucho que ver con la llegada y progresivo asentamiento de la especulación financiera a este mercado. Vamos a verlo con más detalle.   

La pintura, los cuadros, continúan siendo el centro del mercado artístico internacional. De esta forma en 2013 se subastaron nada menos que 878 cuadros por encima del millón de dólares. A ese respecto vamos a repasar, a continuación, algunas de las principales ventas ocurridas el año pasado.

De salida destacan los algo más de 104 millones de euros pagados por el tríptico Tres estudios de Lucian Freud firmado por Francis Bacon del que vemos varias vistas y algún detalle a continuación.

          
              

      Los 76,4 millones de euros logrados por la venta de la tela de Andy Warhol Silver Car crash (Double disaster)

         

y los 42,4 millones que consiguió Number 19 de Jackson Pollock 


seguidos muy de cerca por los 42 millones de euros de Coca Cola 3, otra obra de Andy Warhol. 

                                       

A continuación tenemos los 41 millones de euros de Woman with Flowered Hat de Roy Lichtenstein. 

                         

Los 35,6 millones de euros pagados por Dustheads obra de Jean-Michel Basquiat. 


Los 33,6 millones de euros de Untitled Nº11 del artista estadounidense Mark Rothko. 


32 millones de euros se pagaron por Onement VI de Barnett Newman.  


Y acabaré este breve recorrido con los cerca de 28 millones de euros para Four Marilyns de Andy Warhol. 

En general en los últimos años las obras más cotizadas en pintura pertenecen a Warhol, Picasso, Basquiat y Francis Bacon.  

Vamos ahora con las esculturas. El año pasado las grandes pujas por este tipo de obras de arte sumaron unas ventas de 664,2 millones de euros. No parece tanto en comparación con las cifras movidas por las ventas de cuadros; pero me interesa más el dato de que en la última década simplemente se ha cuadriplicado el volumen de dinero movido por las ventas de esculturas. Y la tendencia al crecimiento de este submercado es sólida, de hecho nunca antes como en 2013 se habían vendido tantas obras en este soporte: 22.500.  

En esta línea ya en 2010 la segunda edición de la serie de Alberto Giacometti El hombre que camina alcanzó un estratosférico precio de 78 millones de euros (que se elevó a casi 104 incluyendo las comisiones e impuestos que se movieron en la operación).

                                          

      Del mismo autor se había vendido también en el mismo año Gran cabeza delgada por 41 millones de euros
                                                        

      y en 2008 una de sus esculturas tituladas Mujer alta de pie se vendió por casi 20 millones de euros. Como se ve, es lo que digo, la escultura también está creciendo en cuanto a precios. 

          

      Volviendo a 2013, Lucio Fontana vendió su escultura Concetto Spaziale, La Fine Di Dio, por unos 20 millones.

                                            

     En esa línea también el año pasado el artista estadounidense Jeff Koons vendió una escultura de cromo pulida, Balloon dog (Orange) por 42,5 millones de euros. 

                                          

Y este año (2014) ha vendido a Steve Wyn, un magnate de los casinos, uno de los tres Popeyes de su serie American Hero, Popeye por 21 millones de euros.

       

Sigamos. Según apunta Artprice el mercado del grabado movió el año pasado unos 189 millones de euros, la cifra más alta de la historia también en este subsector. En esta categoría mandan los precios de obras de Andy Warhol, Pablo Picasso o Edvard Munch, todos los cuales cotizan sus grabados por encima del millón de dólares. 

Las fotografías movieron a su vez 111,5 millones de euros en subastas, lo que supone multiplicar por tres sus ingresos de hace una década.  Así el alemán Andreas Gursky logró vender una de sus imagenes de gran formato, Chicago board of trade III, por más de dos millones de euros, la cuantía más elevada pagada por una foto en 2013. 

        

       El mismo artista tiene en su historial la foto de precio más elevado en la historia, Rhein II una fotografía del río Rhin realizada en 1999 y vendida en 2011 por 3,2 millones de euros.

               

     De hecho las diez fotos más caras de la historia se han pagado y comprado desde el 2006 hasta hoy y las tres más caras se han subastado en los últimos tres años.


   Bien, en cuanto a los dibujos sobre papel la tendencia generaliza se mantiene. El año pasado se vendió por 12,5 millones de euros Composition au Minotaure (arriba, sobre estas líneas) una aguada de Picasso; el precio más alto alcanzado nunca por una obra en papel de dicho autor. Por cierto, cinco veces lo que se pagó por un dibujo de Goya en la misma subasta.

El cómic también ha entrado fuerte al mercado de subastas. En 2010 un ejemplar del nº 1 de Action Comics se subastó por "solo" 740.000 euros (y no, no tenemos constancia de que Nicolas Cage estuviera implicado). A finales de 2011 otro ejemplar del mismo cómic ya alcanzó un precio de más de millón y medio de euros. Este año, en agosto, otro ejemplar de ese mismo cómic se subastó en eBay superando los 2,4 millones de euros. Es un cómic del que se sabe que existen menos de 100 copias solo cinco de las cuales tienen una “certificación de calidad superior” pero aún así da en qué pensar el precio alcanzado, sobre todo porque se están empezando a inflar precios no ya de viejos cómics conservados al completo, sino incluso de páginas sueltas. En 2012 la portada original del número 328 de The amazing Spider-Man, diseñada por Todd McFarlane, fue vendida por 534.688 euros, arrebatándole a un dibujo de El caballero oscuro el récord de página suelta de cómic americano más cara de la historia. El villano de El protegido se sentiría satisfecho. 



    Sin embargo poco después, ese mismo año, la portada de Tintín en América fue vendida por nada menos que 1,3 millones de euros. Y a finales de mayo de 2014 alguien pagó 2,65 millones de euros por los dibujos originales que se utilizaban en las guardas de los álbumes de 1937 a 1958. Un dibujo en tinta china de la portada de La isla negra, publicada en 1942, alcanzó un millón de euros en la misma subasta.   

   En relación con todo esto Christie´s celebró a comienzos de abril de este año su primera subasta dedicada íntegramente a material procedente del mundo del cómic. Entre los lotes una ilustración de Hergé con un precio de salida de 75.000 euros, una plancha original de una página dibujada por Hugo Pratt por 20.000 euros. Una ilustración de Uderzo por 150.000 euros... No está mal.                                                                            

Vamos con los posters de cine antiguos. Uno de los cuatro poster originales que aún se conservan de Metrópolis, el clásico del director alemán Fritz Lang de 1927, fue adquirido por 650.000 dólares en marzo de 2005 y revendido en 2012 por unos 850.000 dólares.

Libros. En 2010 se pagaron 8,4 millones de euros por un ejemplar de The Birds of America, de John James Audubon, una obra de la que sobreviven unas 120 copias completas de las 435 que se publicaron entre 1827 y 1838 y son las más valoradas.  

En esta mima línea el año pasado se pagaron 10,5 millones de euros por el Bay Psalm Book, el libro impreso en EE.UU. más antiguo que se conserva y que formó parte una edición de 1.700 ejemplares de la que sólo quedan once copias. El financiero David Rubenstein fue quien hizo la mayor puja. Él es también el propietario de una copia de 1297 de la Carta Magna con el sello del Rey Eduardo I, adquirida en 2007 por 15,5 millones. 

   Hace unas semanas el documento con el contrato matrimonial entre Josefina y Napoleón Bonaparte fue vendido por 437.500 euros en una subasta de manuscritos de la época napoleónica en las afueras de París mientras que las cuatro páginas donde Bob Dylan garabateó una primera versión de Like a rolling stone fueron vendidas por 1,5 millones de euros en Sotheby's.

Instrumentos musicales. Hasta 2006 el precio record pagado por un instrumento musical eran los dos millones de dólares obtenidos el año anterior por un violín Stradivarius llamado "Lady Tennant". Sin embargo ese 2006 ya se pagaron tres millones y medio por otro Stradivarius llamado "Hammer" y en 2010 otro Stradivarius -esta vez uno llamado "Molitor"- costó 3,6 millones de dólares. Una cifra que en ese momento ya no era prácticamente nada porque en 2008 un Stradivarius llamado "Lady Blunt" se vendió en una transacción privada por 10 millones de dólares y en 2011 ese mismo violín se revendió en una subasta por 16 millones de dólares. Un año después, en 2012, la tendencia alcista continuaba y un "vulgar" Guarneri, el "Vieuxtemps Guarneri" se vendió de forma privada por una suma no hecha pública pero que al parecer se situó entre los 16 y los 18 millones de dólares. 

   Armas de fuego antiguas. En 2008 una pistola Colt Whitneyville-Walker de 1847 se vendió por más de 800.000 euros. En octubre de 2010 un rifle usado por el presidente los EE.UU. Teddy Roosevelt en su famoso safari africano de 1909 se vendió por más de 750.000 euros. En 2011 un Colt Paterson Long-Barrel de 1836 con empuñadura de marfil del que existen unos 300 ejemplares conocidos se vendió por casi 900.000 euros en otra subasta. 

   Joyas. En 2010 un brazalete de piedras preciosas obra de Cartier y que había pertenecido en su día a la celebérrima Wallis Simpson se subastó por 5,6 millones de euros estableciendo un nuevo récord en este tipo de pujas. 

   Llegados a este punto, ¿aprecian ustedes una tendencia?. Es como si desde hace unos diez años se hubiera disparado el dinero invertido en arte por todo el mundo. Pero voy a acotar aún más el marco de análisis. De los 10 cuadros más caros de la historia siete se han vendido desde 2008 y los otros tres en 2006 justo antes de que estallara la crisis.  

Es más, haciendo la prueba de consultar cifras con los precios pagados en su momento ajustados a la realidad actual (consiguientemente consultando el precio de las  obras más caras vendidas en las últimas décadas pero añadiéndoles las inflación para determinar a cuento dinero correspondería actualmente y en euros lo que en su momento se pagó por ellas) resulta que de las 54 pinturas más caras de la historia nada menos que 23 de ellas se han comprado desde que empezó la crisis en el año 2008.  

De esos 23 cuadros solo dos han sido adquirido por Museos, en concreto Diana y Acteon y Diana y Callisto ambos de Tiziano por los que las National Gallerys de Escocia y la National Gallery de Londres pagaron algo más de 50 millones de euros (por cada uno) en 2009 y 2012 respectivamente. De hecho esos dos junto con una Madonna de Holbein serían los únicos cuadros de pintura digamos “clásica” (no procedente de las vanguardias o directamente abstracta) que aparecen en esa lista de 23 obras carísimas que se han vendido desde 2008. [A este respecto debo añadir a última hora los 54 millones de euros pagados a comienzos de año por una tabla con un posible Leonardo da Vinci]. Los otros 20 cuadros de esta informal lista corresponderían invariablemente a arte abstracto o impresionista.  

Claro está el arte de la Edad Moderna o anterior no es que no se valore -hemos visto lo que se pagó por los Tiziano- simplemente ocurre que no hay muchas obras disponibles de cara al mercado porque está todo ya vendido hace décadas o expuesto en museos públicos y por tanto apenas salen a la venta obras nuevas. Pero aun así en diversas subastas en los últimos años se han dado casos de obras de artistas recientes relativamente sin consagrar (Damien Hirst, Jeff Koons por ejemplo) vendidas por el doble de precio que un Rembrandt o cuadros de Tintoretto o Zurbarán 

Además hay otro dato interesante. Llama la atención el que en casi todos los casos citados hasta aquí, como se ha mencionado, los compradores no son museos o fundaciones sino hombres de negocios normalmente asociados al mundo financiero o propietarios de fondos de inversiones. Vemos así aparecer en la orgullosa lista de compradores de las obras más caras de los últimos años a nombres como Roman Abramovich que en 2008 ya se gastó 86 millones de dólares en un Francis Bacon.  

De hecho 5 de los 50 cuadros más caros de la historia los ha comprado en la última década la misma persona. De esos cinco tres los ha comprado desde que empezó la crisis y los otros dos en 2006 poco antes de que empezara. Me refiero a Steve Cohen, un multimillonario financieron de Wall Street propietario de la agencia de inversión SAC Capital Advisors. La misma semana que se compraba uno de esos cuadros pagó 600 millones de dólares  como acuerdo judicial para evitar ser encarcelado por especular con información privilegiada en la Bolsa.  

                

Puede decirse por tanto que hoy en día gran parte de los coleccionistas importantes ya no son amantes del arte, ni siquiera hombres y mujeres ricos que desean notoriedad pública haciéndose con grandes colecciones de arte (de hecho para eso hoy en día pueden comprarse un club de futbol) sino que se trata en muchos casos de inversores puros. La clase media está desapareciendo del mercado del arte ante la subida de los impuestos, la disminución de ingresos en profesiones medias de la escala laboral y sobre todo la inflación de precios artísticos impuesta por la irrupción en dicho mercado de docenas de nuevos compradores dispuestos a pagar lo que sea no solo por grandes pinturas famosas sino por las obras de cualquier artista de vanguardia al que se le suponga un gran futuro (y por tanto perspectivas de ofrecer beneficios a los que inviertan en su obra).  

Un poco por todo esto -y a la contra de todo lo explicado hasta aquí- el mercado del arte en España ha sufrido un desplome absoluto desde que comenzó la crisis ya que en nuestro país las grandes fortunas no tienen tradición de invertir en arte (tampoco en nada productivo, no se preocupen).  

En cambio en el mercado del arte global han irrumpido con fuerza los compradores de países con economías emergentes que son los que están alimentando, junto con los tiburones financieros, la espiral inflacionaria y de crecimiento en que se está moviendo el mercado artístico. Sin duda los grandes flujos en el mercado del arte sirven cada vez más para ejemplificar los cambios paralelos en economía mundial.  

Por ejemplo. El cuadro más caro pagado a día de hoy no procede de una subasta sino de una venta privada y por eso no ha sido citado aún. Fue el tercero de la serie de Los jugadores de cartas de Cézanne adquirido por unos 180/191 (según las fuentes) millones de euros en 2011 por parte del Estado de Qatar, o más bien por la familia real que virtualmente posee Qatar como estado cuasifeudal que aún es.

          

      Recientemente los Al Thani se han hecho con obras de Andy Warhol, Mark Rothko y Damien Hirst, entre otros. Todo ello al servicio de dotar de contenido a un futuro Museo Nacional de reciente construcción con el que se pretende transformar el emirato en centro cultural de Oriente Próximo y a la vez legitimar a la dinastía gobernante tanto hacia dentro como sobre todo hacia afuera de sus fronteras recubriéndose de una (falsa, artificial y totalmente superficial) imagen de modernidad y occidentalización. En concreto Sheikha al-Mayassa al-Thani (la hija de la segunda esposa del emir de Qatar) una mujer de 29 años de edad (que en una entrevista confesaba que pasó un mes haciendo una especie de Erasmus con una familia de Burgos) se ha gastado en los últimos siete años 1.200 millones de euros en obras de arte contemporáneo para exponerlas en los museos recien construidos en el país. Un país donde a nivel de calle la pintura no es tradición e incluso es vista casi como algo herético y en todo caso una moda occidental, sería impensable retratar una mujer desnuda o incluso descubierta posando abiertamente, y el juego y el vino que aparecen en el cuadro de Los jugadores de Cézanne están prohibidos legalmente.  

Pese a ello en los Emiratos árabes de Dubai y Abu Dabi tienen también en proyecto pinacotecas con sello europeo. Abu Dabi en concreto ha concluido un acuerdo para abrir su propio Guggenheim. Aunque el país que está inaugurando más museos en la actualidad es China. El arte chino emerge a la misma velocidad que la economía de aquel país, hacia el que se decanta también el mercado del arte del futuro. Pero de eso hablaremos otro día. Hoy me interesaba resaltar las relaciones, creo que evidentes, entre una parte de la superestructura cultural de nuestras sociedades capitalistas -en concreto el mercado del arte- y la vertiente especulativa de la infraestructura económica que articula dichas sociedades.

1 comentario:

  1. Me ha llamado la atención que nadie haya intentado defender el punto de vista contrario al que expongo en esta extensa entrada. Al fin y al cabo sería perfectamente posible e incluso sencillo.

    En todo caso, para el que se pase por aquí le resumo de qué va esto por si la extensión del texto echa para atrás:

    Por un lado sostengo una visión en la línea de lo expuesto por Don Thompson en "The $12 million stuffed shark: the curious economics of contemporary art”. A saber, aunque no hay que confundir precio mercantil con valor lo cierto es que en cuanto al precio el mercado artístico contemporáneo se parece cada vez más a una Bolsa de valores en pleno proceso de especulación en torno a una burbuja financiera. Yo añadiría que desde luego puedes ser un artista cojonudo pero lo que va a determinar hoy, ahora, que la máquina se ponga en marcha, los críticos de las publicaciones de prestigio más conocidos te alaben sin medida y las galerías y casas de subasta pongan precios de millones a tu marca... es el puto NEGOCIO. Eso es lo que hay en juego ahora mismo en la élite del mercado del arte profesional. Fuera de ahí tus obras sin duda magníficas las venderás a los amigos, en el mercadillo del barrio o en todo caso en la galería de la esquina a precios módicos.

    En relación con eso planteo que es posible que gran parte del contemporáneo más actual produzca obras de enorme preparación previa y trabajo investigador detrás así como inmensa profundidad significante (esto último lo dudo en muchas ocasiones, pero bueno, algunas obras mencionadas son al menos artesanal y técnicamente mas complicadas de lo que parecen), sin embargo al mismo tiempo su importancia para el desarrollo mundano es menor que nunca. La mayor parte de lo que se expone en galerías ahora mismo tiene un impacto cero en la sociedad. Menor que nunca cuando había mucha más gente analfabeta o sin estudios pero algunas obras románicas, barrocas, neoclásicas o románticas eran capaces de generar verdaderos impactos y debates que trascendían más allá de los expertos.

    Esas dos cosas son lo que quería plantear, el artículo se ha extendido porque era necesario al menos justificarlo un poco y poner algunos ejemplos no sea que alguien me tache sin más de loco. Pero sin duda el tema de fondo es una cuestión discutible y que se presta al debate ya que tampoco convendría de partida tachar de absurdos los argumentos de la otra parte.

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