domingo, 23 de febrero de 2014

Ascaris de Tanganica


   
 Quisque est barbarus alio
          ("Todo el mundo es un bárbaro para alguien")

         No disparen, ¡soy gente!
         (Dersu Uzala)




Esta historia en cierta forma acaba (o comienza, según se mire) en 1964, un día caluroso en Mwanza, Tanzania, a las orillas del Lago Victoria.

Ese día varios funcionarios alemanes de alto rango pertenecientes al Bundestag se encontraban en dicha ciudad, apelotonados en el interior de una destartalada oficina ubicada en la planta baja de un viejo edificio del centro. Gordos y sudorosos miraban continuamente por la ventana presa de los nervios y sin saber qué hacer. Ninguno se atrevía a hablar o hacer ruido alguno, atrincherados como se sentían en la mencionada oficina porque tras las puertas y ventanas cerradas de la misma se agolpaban en un gran patio varios cientos de ancianos negros. Pese a su avanzada edad los integrantes de aquel extraño público aún lucían figuras de un porte imponente, cuerpos de elevada estatura y rastros de lo que debieron ser antaño poderosos músculos. Y todos parecían aguardar algo, "vestidos" con los despojos de viejos uniformes coloniales que lucían con orgullo pese a que en la mayoría de los casos dichos uniformes  consistían ya solo en unos cuantos trozos de tela raídos y hechos trizas.

  Poco a poco, al impacientarse por la espera, algunos de los ancianos que esperaban en el exterior empezaron a entonar frases en alemán pertenecientes una vieja canción de marcha militar llamada ¡¡Heia, Heia Safari¡¡. En ese momento en el interior del edificio uno de los alemanes, quien parecía ser el burócrata de más alto rango allí, tuvo una idea, se dirigió al cuarto de limpieza ubicado en una esquina y, al cabo de un rato, salió del mismo sacudiéndose el polvo con una escoba en la mano. El resto de funcionarios lo miró con extrañeza, más aún cuando a continuación blandió la escoba y ordenó abrir la puerta principal pese a la decrépita y variopinta multitud que esperaba fuera.  

No obstante, de cara a entender el significado a la vez hermoso y triste de todo eso que estaba ocurriendo en aquel suburbio perdido de Tanzania hace cincuenta años, debemos remontarnos en el tiempo y dar varios saltos por el pasado. Empecemos pues.

Bárbaro es el que hace barbaridades

La palabra “bárbaro” que los helenos gustaban de emplear para referirse a casi cualquiera que no hablase griego ha sido, casi en la misma medida que palabras más presentables -como "tolerancia", "democracia" o "libertad"-, uno de los conceptos clave en la cultura occidental, la cual se ha convertido en global en gran medida a partir del impulso obsesivo de proyectar sus bondades (reales o supuestas) sobre otros pueblos menos civilizados, cristianizados o democráticos (según la época).

Ahora bien, en origen el término bárbaro -como concepto empleado para identificar un colectivo humano supuestamente menos desarrollado- no solo era una palabra con connotaciones despectivas sino que además ese carácter peyorativo se podía inferir de su propio significado directo. Esto era así porque el término griego para "bárbaro" (βάρβαρος) era derivado de una expresión de burla que sonaría algo así como barbarbar y se traducía como “el que balbucea”. En otras palabras cuando un griego empleaba el término “bárbaro” para referirse a personas extranjeras que no hablaban el griego simplemente expresaba su desprecio directo por gente que resultaba desagradable y ridícula empezando por el mero hecho de ser y hablar diferente. Un poco las connotaciones negativas que aún hoy tiene el término "gitano" o el de "mongol" palabra que también se usa para designar retraso mental. "Bárbaro" expresaba algo como: esa gente rara que habla con sonidos raros que no entendemos y que nos resultan desagradables cuando los oímos, esa gente que debido a ello es distinta a nosotros y por tanto resulta grotesca y ridícula. En ese sentido podemos casi imaginarnos a un Arévalo griego en medio del ágora escenificando un chiste de gangosos solo que en vez de gangosos en ese caso los protagonistas eran los “bár... bar... bar... baros”, bárbaros de donde fuera, extranjeros, diferentes, gente fea y ridícula, “otros” al fin y al cabo.  

En esta línea cuando los holandeses se expandieron colonialmente -a partir del s. XVII- entre otras zonas que visitaron se encontraba el extremo Sur del continente africano. Pronto expulsaron a los portugueses de la región, formaron la colonia del Cabo, exterminaron a las poblaciones nativas de la zona y luego exploraron la costa de las regiones limítrofes, entre ellas la actual Namibia. En esta última zona los colonos y comerciantes holandeses bautizaron a las poblaciones locales como "hotentotes", término que en el holandés de la época constituía un juego de palabras que venía a significar una especie de mezcla entre “tartamudo” y “retrasado”. En otras palabras hot en tot, era lo que les parecían aquellos negros locales cuando se empeñaban en hacerse entender balbuceando extrañas palabras en el lenguaje khoi local, el cual los holandeses ni conocían ni tenían ninguna intención de conocer. Al fin y al cabo ellos -los comerciantes holandeses- estaban allí solo para obtener esclavos y quizás algo de marfil u otras mercancías valiosas que pudieran encontrar. No eran gente interesada en la alianza de civilizaciones, por así decirlo. De hecho siglos después los descendientes afrikáners de esos colonos instaurarían el régimen de apartheid en Sudáfrica. Por nuestra parte los españoles conoceríamos la palabra "hotentote" gracias a su uso en los cómics de Mortadelo y Filemón como sinónimo de salvaje y bruto (aunque por fuerza los europeos que los sometieron tenían que ser más brutos que ellos para lograrlo). 

En cualquier caso, a finales del s. XIX, los “hotentotes” acabaron bajo el manto colonial alemán. Alemania es un país que empezó relativamente tarde su expansión fuera del continente europeo en forma de colonias, al menos en comparación con los mucho más tempranos avances imperialistas en ese sentido de España, Portugal, Francia, Gran Bretaña o la propia Holanda. Sin embargo, si en 1494 España y Portugal se beneficiaron del “reparto del mundo” oficializado por el tratado de Tordesillas (y de una serie previa de bulas papales),  cuatro siglos después las grandes potencias del mundo industrial se beneficiaron a su vez del llamado “Reparto de África” realizado en el transcurso de la famosa conferencia de Berlín de 1884.

                                    

    Alemania -que era precisamente el país anfitrión- no salió mal parada de dicha conferencia en cuanto al reparto de zonas de influencia. Gracias a ello al terminar la centuria el káiser ya regía el destino de todo un conglomerado colonial en territorio africano, consistente en territorios dispersos de los actuales Camerún, Togo y parte de Ghana, así como dos grandes colonias: por un lado el África Oriental Alemana (la cual abarcaba la actual los actuales Tanzania, Ruanda, Burundi y Norte de Mozambique) y, por otro lado, la llamada África Alemana del Sudoeste.  

Esta última colonia se formó en 1885 englobando territorios de la actual Namibia y es donde vivían los “hotentotes”.  En un primer momento de todos sus territorios africanos Namibia era el que ofrecía, a priori, mejores perspectivas de cara a la colonización. Era una zona relativamente libre de las enfermedades tropicales y, aunque buena parte de sus tierras eran semidesérticas (gracias a lo cual voy a incluir un par de imágenes curiosas de las tropas alemanas ubicadas en la colonia y montadas a lomos de dromedarios), la región en general ofrecía buenas posibilidades para la crianza del ganado. El único inconveniente era el de siempre, las mejores tierras de la zona ya estaban ocupadas por los pobladores locales que habían tenido siglos para darse cuenta de cuáles eran los mejores valles y asentarse en ellos.

  Consiguientemente, tras la irrupción de los alemanes en la zona, la secuencia de los acontecimientos calcó un proceso que se ha repetido docenas o cientos de veces a lo largo de la historia. En un primer momento los colonos de la nueva potencia ocupante intentaron hacerse con las tierras de forma más o menos "lícita": compra, intercambio de la misma por baratijas, intimidaciones sutiles, sobornos y acuerdos con los líderes tribales, etc. En todos esos procedimientos siempre hay una parte perdedora y una ganadora (normalmente los colonos blancos) pero las manipulaciones suelen ser de una escala reducida de cara a no enturbiar demasiado la conciencia o contradecir los supuestos valores superiores que se pretenden difundir en la zona. El problema es que haciendo las cosas de ese modo el desalojo de las poblaciones autóctonas no es suficientemente rápido. Debido a ello tarde o temprano llega un momento en que los valores y la buena conciencia se dejan atrás y se plantea claramente la cuestión de que entre colonizadores e indígenas solo puede haber un grupo dominante y punto.  

De esta forma en Namibia (como pasaba en el imperio inglés, o el francés o el holandés; o había sucedido hacía unas décadas en los EE.UU. y Argentina con las tribus indias) pronto comenzaron los abusos a gran escala de los miles de colonos alemanes contra los diferentes grupos tribales del país: violaciones de nativas, robo de ganado, quema y desalojo a la fuerza de poblados aislados ubicados en terrenos particularmente apetecibles, etc. Inevitablemente al desatarse la escalada de escaramuzas llega también un momento en que, sometidos a ese tipo de presión,  los "buenos salvajes" se vuelven "malos". Así en 1893-1894 ya se habían producido enfrentamientos pero es en 1904 cuando definitivamente estalló en toda la zona una rebelión a gran escala de las tribus autóctonas contra la ocupación alemana. Comenzaba de esa forma un conflicto entre el ejército más poderoso de aquel tiempo y un puñado de indígenas que, debido a contactos previos con los bóers sudafricanos o los ingleses, usaban ocasionalmente caballos y conocían las armas de fuego pero que pese a todo estaban muy por detrás en cuanto a desarrollo social y disponibilidad de armas modernas. Era un enfrentamiento en el que estaba claro desde el principio qué bando iba a vencer.

       No obstante en unos primeros momentos el factor sorpresa permitió ciertos “éxitos” a los guerreros del grupo tribal más numeroso y belicoso de la zona, los Herero. Así en los primeros días de la rebelión unos 100-200 civiles alemanes perdieron la vida. Las noticias de granjas destruidas, cadáveres mutilados (por ejemplo con las orejas cortadas) y otros horrores pronto llegaron a Alemania.  

En consecuencia desde la metrópoli se envió inmediatamente a la colonia al general Lothar von Trotha al mando de un cuerpo de ejército consistente en unos 10.000 hombres que más adelante llegaron a ser quizás 14.000. Así a finales de año los alemanes ya estuvieron en condiciones de lanzar una contraofensiva brutal. La estrategia de Trotha para ganar la guerra fue genial a su manera (en realidad la copió de la forma en que los romanos solucionaron sus problemas con algunas tribus "bárbaras" de la zona del Atlas). Trotha era consciente de que el enemigo era un pueblo de guerreros atrasados pero no estúpidos y  por ello difícilmente cometerían el error de presentar batalla en campo abierto. Por tanto, ante la perspectiva de empantanarse en una guerra de guerrillas que durase años, Trotha diseñó un plan para aniquilar por completo y de un solo golpe a todos los combatientes enemigos. Plan que a la vez presentaba la ventaja de permitir de paso liberar la colonia del “engorro” que suponía la molesta presencia de toda esa población negra que vivía por allí y con ello estorbaba el crecimiento de la nueva colonia alemana. 

     De cara a lograr todo lo anterior primeramente Trotha ordenó a sus tropas que barrieran concienzudamente las áreas fértiles del territorio, destruyendo tras ellos toda resistencia y empujando lentamente a las tribus herero hacia el área desértica de Namibia, un ramal del desierto del Kalahari. Una vez que los herero penetraron en el desierto el ejército alemán no los siguió ya que su cometido era simplemente “patrullar la frontera”. Por supuesto, Trotha -previsor él- había hecho envenenar los pozos de agua cercanos y en adelante instauró un perímetro de puestos de guardia de casi 200 km de lado cubriendo todas las salidas cercanas del desierto hacia zonas donde hubiese otras fuentes de agua. Las órdenes eran simples: disparar a todo indígena que intentase cruzar lo que hoy llamaríamos, con moderno cinismo, “zona de exclusión” o algo parecido. En las semanas siguientes se estima que unos 15.000 herero, hombres, mujeres y niños murieron de sed y hambre. Muchos otros fallecieron al intentar cruzar el perímetro establecido por Trotha.  

Pese a todo, y aunque Trotha no quería prisioneros, miles de herero se rindieron. Así pues se pasó a la siguiente fase, consistente en el internamiento de los supervivientes en campos de concentración donde simplemente se dejó que fueran muriéndose de una vez por todas debido a la mala alimentación (las raciones se disminuían al mínimo con toda la intención), los trabajos forzados, los castigos físicos y las enfermedades (en los campos no se dispuso ninguna atención médica ni higiénica y la expansión de las enfermedades entre los debilitados nativos internados en ellos obviamente se descontroló). De 8.800 herero internados en esos campos sobrevivieron unos 200.  

Con el problema herero encauzado Trotha puso a continuación sus ojos en el otro grupo étnico principal en la región, los Nama. Ellos fueron el objetivo de la campaña del año siguiente, 1905. Durante ese año se calcula que la mitad de los 20.000 miembros de la tribu Nama fueron exterminados, mientras que el resto acabaron por ser enviados también a los campos de concentración de la zona, lo que en la práctica vino a implicar su aniquilación, igual que ocurrió con los Herero.                                                       

Por supuesto en Alemania existía ya una incipiente sociedad civil que más o menos se enteró por la prensa de lo que estaba ocurriendo en la colonia y consiguientemente clamó contra el trato que se estaba dando a los rebeldes por lo que, ya una vez exterminados éstos, las órdenes de Von Trotha fueron canceladas y él mismo enviado de vuelta a casa para un tirón de orejas como castigo, siendo luego ascendido a general en 1910. Para entonces de los más de 80.000 herero que poblaban la zona en la época de la revuelta apenas sobrevivían unos 15.000 mientras que los Nama prácticamente habían pasado a mejor vida como grupo étnico. 

Pero lo peor fue quizás que esos primeros campos de concentración en Namibia se convirtieron en un primigenio ensayo del que tomarían nota más tarde diversos señores empeñados en hacer cosas natsis. Por un lado tras la Gran Guerra la colonia Alemania de Namibia pasó a formar parte de la Sudáfrica británica donde grupos de antiguos colonos alemanes con el tiempo se integraron e incluso realizaron sus aportaciones al régimen del apartheid. Por otro lado destaca la conexión entre esta etapa colonial germana y algunas prácticas recuperadas más adelante por el régimen nazi. Para empezar, en el seno de los ya mencionados campos de internamiento namibios, muchas indígenas fueron utilizadas como esclavas sexuales por las tropas dando luz a niños sobre los que se llevaron a cabo experimentos con el fin de “demostrar”, por ejemplo, que los negros eran inferiores a la raza blanca. También se experimentó con algunos internos procedimientos para esterilizarlos o su resistencia al arsénico, el tifus o la tuberculosis. Asimismo luego se extrajeron órganos de los cadáveres de los internos que fueron almacenados y luego enviados a Alemania para el estudio y la "experimentación". De esa forma algunos doctores que desgraciadamente décadas después pasaron  a la fama por sus hazañas en el contexto de la IIª Guerra Mundial comenzaron su carrera “investigadora” gracias a los herero y los Nama.  

Ese fue el caso de "científicos" como Theodor Mollison y sobre todo Eugene Fischer, un médico y antropólogo alemán obsesionado por la pureza racial que luego sería uno de los padres espirituales de las leyes de Nuremberg y del programa eugenésico nazi.  Fischer, que había sido discípulo de Alfred Ploetz, uno de los primeros impulsores de la eugenesia en Alemania, se dedicó a realizar experimentos con los indígenas namibios recluidos en los campos de internamiento para luego recolectar sus cráneos. Fruto de esas "investigaciones" surgió una publicación titulada Fundamentos sobre la herencia humana y la higiene racial, de la que Hitler tomó pasajes para incluirlos en Mein Kampf.  

No es casualidad tampoco que en gran medida el programa colonial alemán de finales del s. XIX y comienzos del XX siguiese las directrices y usase la justificación retórica proporcionada por el pensamiento impuesto de un geógrafo llamado Friedrich Ratzel que  no paraba de hablar de una cosa llamada “espacio vital” un concepto que décadas después pasaría a ocupar un lugar central en la visión geopolítica nazi. 
                                       
En otras palabras, los nazis más allá de su novedosa retórica y su habilidad propagandística simplemente se limitaron en muchos casos a usar en su favor ideas que ya estaban implantadas en la sociedad teutona desde mucho antes y que en concreto durante algunas décadas previas a la Iª Guerra Mundial tuvieron su desarrollo en el mundo colonial del IIº Reich. Por ejemplo ya en 1912 se prohibieron los matrimonios interraciales en las colonias alemanas (donde había que mantener pura la raza). 

A nadie debe extrañar por tanto que en 1933 las autoridades nazis le dedicasen una calle en Munich al celebérrimo Lothar von Trotha. O que ese mismo año Adolf Hitler en persona nombrase rector de la universidad de Berlín al antes citado Eugene Fischer. Desde su puesto como rector Fischer se dedicó a hacer una depuración de profesores judíos en las aulas a la vez que patrocinaba los estudios de un tal Josef Mengele. Y supongo que tampoco debe sorprender que los nazis nombrasen gobernador de Baviera a Franz Ritter von Epp, quien había sido comandante de las fuerzas alemanas destacadas en Namibia. Luego durante la IIª Guerra Mundial Franz Ritter fue el responsable del exterminio de los judíos y los gitanos bávaros. De hecho hay un dato que ejemplifica a la perfección el parentesco histórico entre las etapas históricas que menciono: Heinrich Goering, el abuelo de Herman Goering, el poderoso jerarca nazi, había sido en su día gobernador de la colonia alemana en Namibia.   

                                                        
El agüita amarilla

Por supuesto, mientras todo lo que hemos contado ocurría en Namibia, en la colonia del África Oriental Alemana pasaban cosas parecidas.

Dicha colonia era conocida con el nombre de Tanganica e incluía, además de la mayor parte de Tanzania, los actuales estados de Ruanda, Burundi y algo de lo que hoy es el Norte de Mozambique. Su creador había sido Carl Peters, un tipo violento y sádico hasta el punto de tener que ser depuesto y condenado por las propias autoridades alemanas. Obviamente décadas después los nazis rehabilitaron su figura y hasta le dedicaron un film de propaganda rodado en 1941.

   Pues bien, en Tanganica se desencadenó entre 1905 y 1907 una rebelión aún menos conocida que la de los Herero y los Nama ya que a diferencia de aquella lo sucedido en el África Oriental Alemana apenas tuvo en su momento eco en la prensa germana.

El mencionado levantamiento, conocido como la Rebelión Maji Maji (“maji” en el idioma local significaba simplemente “agua”), respondía esencialmente a la misma dinámica explicada para el caso namibio, pero tenía sus propias particularidades.

En 1902 las autoridades coloniales de Tanganica ordenaron a los habitantes locales dedicarse forzosamente al cultivo de algodón de manera masiva con el fin de obtener grandes cantidades de dicha materia prima y destinarla a la exportación, buscando de esa manera que la colonia proporcionase a la metrópoli un producto agrícola lo bastante lucrativo para hacer rentable la ocupación de un territorio no especialmente rico en materias primas. 

Las autoridades alemanas asignaron una cuota mínima de producción de algodón para cada aldea, pasando los jefes tribales a encargarse de supervisar la producción y el cumplimiento de las cuotas. Además se recurrió a los trabajos forzados de la población para la construcción de caminos y obras públicas. Bajo este orden de cosas los campesinos varones debían ausentarse de sus casas durante largos meses para dedicarse únicamente al cultivo del algodón en las granjas establecidas al efecto por los alemanes. Mientras tanto eran las mujeres quienes debían afrontar las labores del campo en sus aldeas, aumentando la carga de trabajo para ellas y por tanto también las dificultades para reunir suficientes subsistencias para las familias. En otras palabras se impuso en la zona un régimen de explotación de los indígenas que mezclaba diversas prácticas también usadas por los belgas en el Congo, los ingleses en la India o los propios españoles siglos antes en América.

A todo lo anterior se unió una severa sequía que afectó a miles de campesinos tanzanos a inicios de 1905. Pese a ello el gobierno colonial se negó a cambiar sus políticas y no permitió el retorno de los trabajadores forzados al cultivo de alimentos. El resultado obvio de la torpeza anterior fue la extensión de la hambruna por el territorio y el aumento de la pobreza entre los pobladores locales pese a que las cifras de exportación algodonera de la colonia crecían. La semilla del descontento se propagó por las regiones más afectadas por la sequía, faltaba quien prendiese la mecha. Eso ocurrió cuando un brujo local llamado Kinjikitile Ngwale alegó estar bajo la posesión de un espíritu mágico con forma de serpiente llamado Hongo gracias a lo cual habría podido establecer contacto telepático con cierta divinidad local. Esa fue la chispa que dio inicio al estallido de una revuelta que pronto se extendió por todo el Sur del África Oriental Alemana. 

Ngwale, quien se hacía llamar Bokero (la deidad para la cual supuestamente hacía de medium gracias a la ayuda de Hongo, esto es confuso, lo se, pero piensen que más confuso es lo de la Santa Trinidad y nadie se queja), comenzó a difundir una creencia según la cual la población nativa de Tanganica era llamada por los espíritus para eliminar a los colonizadores. Bokero entregó a sus seguidores una mezcla de agua, aceite y semillas de mijo molidas que, según él, los hacía invulnerables a las balas de los fusiles alemanes (un poco algo parecido a las supersticiones mantenidas por los derviches sudaneses que los ingleses habían aniquilado hacía algunos años a golpe de ametralladora). 

El agua mágica de Bokero sin duda hacía falta a sus seguidores ya que los rebeldes estaban muy mal armados, contaban apenas con lanzas, flechas y unas pocas armas de fuego de corto alcance y además se dedicaron en un primer momento a destruir campos de algodón en vez de emprender operaciones más ambiciosas aprovechando el factor sorpresa.  

De hecho pronto el propio Bokero fue detenido facilmente por las tropas alemanas y posteriormente colgado lo que sin embargo no desanimó a sus seguidores (rara vez los seguidores de un líder religioso se desanimen porque se muera como cualquier mortal, ya que como todos sabemos es fácil encontrar múltiples excusas para dicha anomalía). Casi simultáneamente a lo anterior, en agosto de 1905, los rebeldes atacaron un pequeño grupo de misioneros alemanes que viajaban hacia el sur de Tanganica, entre ellos el obispo católico de Dar es Salaam. Todos fueron muertos a lanzadas en represalia. Es entonces cuando el gobernador de la colonia, el conde Gustav Adolf von Götzen tomó una serie de decisiones drásticas. Para empezar y de cara a disponer de suficientes soldados locales, los ascaris (ya que el aparato militar colonial descansaba sobre todo en las fuerzas nativas) se alió con algunos grupos étnicos y tribus del Norte de la zona en detrimento de los sublevados del Sur de Tanganica (la sempiterna estrategia de divide et impera que tan buenos resultados dio siempre a los europeos en las colonias). A continuación decidió emplear contra los rebeldes (a falta de un buen desierto como en el caso de la revuelta ocurrida en Namibia) una táctica de tierra quemada. Las fuerzas alemanas comenzaron así a destruir sistemáticamente las aldeas que apoyaban a los rebeldes, a incendiar cultivos y a dar muerte a todo el ganado que fuese posible amplificando la hambruna en la región hasta un punto que hacía insostenible proseguir la revuelta, como así sucedió. De esta forma, llegado el verano de 1907, fueron eliminados los últimos rebeldes y los alemanes dieron por concluida su campaña. En total, se calcula que murieron 23 alemanes (entre soldados y misioneros), 389 ascaris africanos (casi todos ellos nativos de la costa o del norte de la colonia) que combatían en favor de los alemanes, y entre 75.000-100.000 rebeldes (tanto en combates como por efectos del hambre). 

Llegados aquí ha acabado la primera parte de esta historia y vamos a comenzar con el núcleo de la misma. De todo esto que se ha contado vamos a quedarnos antes de continuar con dos apuntes. El primero es la irrupción del héroe de este cuento. Paul Emil von Lettow-Vorbeck un por entonces relativamente joven militar alemán que maduró como oficial a las órdenes de Lothar von Trotha en Namibia. Aunque lo ocurrido allí no fue de su agrado lo cierto es que tampoco se opuso, simplemente como buen oficial y como buen alemán obedeció las órdenes y ya casi acabado el conflicto recibió una herida en el ojo izquierdo lo que le sirvió para salir de la siniestra Namibia alemana de cara a pasar un tiempo recuperándose de su herida en un hospital británico de Sudáfrica.

El segundo apunte se refiere al África Oriental Alemana. En sucesivos apartados voy a narrar las operaciones militares ocurridas en el seno de dicho territorio durante la Iª Guerra Mundial. Esto resulta interesante porque allí ocurrió una cosa curiosa. Una vez estallada la Gran Guerra el resto de posesiones coloniales alemanas cayeron fácilmente en manos de las fuerzas de la Entente ya que el bloqueo naval impuesto por la misma impedía el envío desde Alemania de refuerzos o suministros a sus posesiones extraeuropeas. Sin embargo la zona de Tanzania ofreció una extraordinaria resistencia.

   Esa resistencia solo se explica por la confluencia de dos factores. Por un lado la presencia en dicha colonia de un militar que se reveló casualmente como un estratega muy capacitado y experimentado en cuanto a la guerra en terreno africano: el propio Lettow-Vorbeck, de quien pronto vamos a saber más. Por otro lado la extraordinaria fidelidad que la población nativa de la zona profesó por la causa alemana. Fidelidad ésta a veces rayana en el absurdo ya que no dejaba de consistir en implicarse en una guerra totalmente ajena y hacerlo en favor de sus opresores. Por tanto, hay que relacionar en parte dicho comportamiento no solo con criterios sentimentales sino atendiendo a los resultados de la terrible pero eficaz represión de la revuelta Maji Maji la cual había cribado totalmente el territorio de tribus y aldeas opositoras y a la vez (junto con la represión llevada a cabo en la cercana Namibia) ejercía de eficaz propagandista del poder militar alemán en la mentalidad de los pobladores de la zona, un poder al que había que temer y respetar y no volverse contra él. 

Aclarado todo esto, presentemos al gran protagonista de esta entrada de hoy.

Memorias de África

Paul Emil von Lettow-Vorbeck había nacido en 1870, hijo de un militar perteneciente a la baja nobleza de Pomerania. Desde su infancia estuvo destinado al ejército por pura tradición familiar hizo su bautismo de fuego participando en la represión de la rebelión de los bóxers en China a comienzos del s. XX. Más adelante, como hemos visto, fue asignado al cuerpo militar que reprimió a su vez la insurrección tribal en Namibia.  

Pasados unos años, a finales de 1913 Lettow-Vorbeck fue designado teniente coronel y comandante al mando de las fuerzas coloniales en el actual Camerún. Y hago una reflexión. A comienzos de ese mismo año llegaba a África, en este caso al cercano Gabón, Albert Schweitzer, el famoso médico, filósofo y misionero de cultura alemana que se convertiría tiempo después en Premio Nobel de la Paz (hoy en día ese premio es una risa, pero no siempre fue así). En un mismo año, previo a la Iª Guerra Mundial, Alemania enviaba al seno del continente negro a quien llegaría a ser una de las grandes figuras del pensamiento pacifista en el siglo XX y a la vez mantenía dentro de sus contingentes militares en la zona a un joven que también pasaría a la historia en este caso como genio de la guerra. 

                                           

Es el último de los dos el que nos interesa, claro. Hay que anotar además que, a última hora, el nombramiento de von Lettow-Vorbeck en Camerún se cambió para enviarlo al mando del contingente militar en la colonia de Tanganica. Dicho cambio de planes, en gran medida debido al azar, se rebeló como una más de esas afortunadas coincidencias que a veces se producen en la historia.  

De hecho el azar jugaría un papel constante en la vida de Lettow durante los próximos años. Para empezar durante el viaje a su nuevo mandato conoció y se hizo amigo de una señora danesa llamada Karen Blixen quien décadas después pasaría a la historia por escribir unas Memorias de África en base a los recuerdos de su estancia en Kenia, colonia a la que se dirigía justo en ese momento. Dado que Kenia era por entonces una colonia inglesa vecina de la colonia alemana de Tanganica, y dado que pronto Inglaterra entró en  Guerra, ese encuentro y esa incómoda amistad, con un enemigo, iban a traerle a Karen muchos disgustos en los años venideros. Pero esa es otra historia.  

       En lo que nos concierne a finales de 1914 Lettow-Vorbeck se encontraba en Tanganica al mando de unos 5.000 hombres, la mitad alemanas y la mitad soldados nativos llamados habitualmente ascaris, como hemos visto. Con ese contingente muy escaso debía defender miles de kilómetros de frontera ante la previsible e inminente invasión de la colonia por parte de los países en guerra con Alemania, sobre todo Inglaterra.

                                    
                                        
Pronto, a los dos meses de empezada la guerra en Europa, se produjo el primer intento de invasión inglés de la colonia de Tanganica cuando fuerzas del imperio británico intentaron un desembarco masivo en la costa a cargo de soldados traídos por mar desde la India. La mencionada tentativa acabó desenbocando en la famosa batalla de Tanga, también conocida como la "batalla de las abejas" (debido a que durante la misma una compañía de soldados indios del cuerpo expedicionario británico fue puesta en fuga por un enjambre de abejas furiosas). Contra todo pronóstico Lettow-Vorbeck, que solo pudo contar en aquel momento con aproximadamente 1.000 de sus hombres para resistir dicho ataque, venció y repelió de nuevo hacia el mar a un contingente de más de 8.000 soldados coloniales del Imperio causándoles más de un millar de bajas a cambio de menos de doscientas recibidas. Y lo que era más importante (dado que la colonia alemana se hallaba aislada de su metrópoli europea de cara a recibir suministros) la victoria en dicha batalla le proporcionó a Lettow-Vorbeck un botín consistente en abundante munición y armas capturadas al enemigo. A continuación, estableciendo una tónica que acabó resultando frecuente más adelante, Lettow-Vorbeck liberó a los oficiales británicos que habían sido capturados a cambio de su palabra de caballeros de no seguir luchando.  

Un par de meses después, a comienzos de 1915, Vorbeck derrotaba nuevamente a los ingleses en la batalla de Jassin. Fue el único enfrentamiento de aquella guerra en el que contó con superioridad numérica y, gracias a ello, al mando de un contingente de unos 1.500/1.600 hombres (pero de los cuales solo en torno a los 250 eran soldados regulares europeos) logró vencer a una fuerza británica compuesta por aproximadamente 1.200 hombres. Eso sí, las bajas sufridas (más o menos 300 de sus hombres) le hicieron replantearse su estrategia ya que, dado que no podía contar con recibir refuerzos, sus victorias corrían el peligro de convertirse en pírricas si seguía acumulando bajas -por pocas que estas fuesen- y gastando sus escasas reservas de munición.

 De hecho sus fuerzas estaban condenadas a vivir del terreno y suministrarse a partir del botín de las victorias salvo por sucesos muy puntuales. Por ejemplo, a mediados de abril de ese año de 1915, un barco de transporte llamado Kronborg proporcionaba a Lettow algunos suministros. Más adelante, en julio, pudo incorporar entre sus efectivos a los hombres de un crucero alemán hundido en la zona y de paso reutilizar los cañones de dicho barco, el famoso Königsberg 

Por todo ello Lettow-Vorbeck vio claro pronto que tenía que minimizar los enfrentamientos directos y empezar una guerra de guerrillas enfocada a destruir vías férreas de comunicación y molestar al enemigo antes que a impedirle la ocupación del territorio a través de batallas campales clásicas.    

Además en esos momentos la superioridad de hombres de los británicos en la zona comenzaba a ser abrumadora, con lo que de todas formas ya no era aconsejable volver a presentar batalla. De hecho a lo largo de 1915 y comienzos de 1916 los británicos desplazaron a la zona unos 45.000 hombres bien dotados de artillería. Por el contrario llegado a ese momento Lettow-Vorbeck había alcanzado el límite de tropas que podía movilizar y abastecer en la colonia a la que debía defender, y esa cifra era de apenas unos 14.000 hombres de los que solamente más o menos 2.500 eran alemanes (esencialmente los mismos europeos bajo su mando con que contaba al comienzo del conflicto). En ese momento, ya que las comunicaciones con Europa estaban interrumpidas y en Tanganica apenas había colonos alemanes mobilizables, el reclutamiento tenía que descansar por fuerza sobre las unidades de soldados ascaris alistados de entre la abundante población nativa.

      Por si fuera poco los belgas iniciaron en esos momento una ofensiva desde el Oeste de la colonia con el objeto de coger a los alemanes entre dos fuegos y poco después los portugueses entraron también en guerra al lado de los aliados, amenazando el flanco Sur de la colonia. Además en marzo de 1916 Lettow-Vorbeck recibía la última ayuda en forma de suministros que le llegaría hasta el final de la guerra a través de un vapor de transporte llamado Marie von Stettin. Desde ese momento Lettow-Vorbeck no pudo contar con ningún tipo de reemplazo o refuerzo extra durante el resto del conflicto. De hecho a finales de ese año de 1916 toda la costa de la colonia se encontraba ya ocupada por los británicos que cortaron todo posible contacto entre el interior y los puertos.  

Sin embargo, afortunadamente para Lettow-Vorbeck el teatro africano para nada se prestaba a los grandes movimientos de tropas. Para empezar la carencia de infraestructuras en la zona convertía los suministros en una pesadilla logística, lo que se agravaba debido a las hordas de moscas Tse-Tsé que impedían el uso de animales equinos. Además, lo anterior constituía apenas un problema menor comparado con la gran cantidad de enfermedades que diezmaban a las tropas no habituadas al clima o a los mosquitos. Todo ello sumado a que la estación de las lluvias funcionaba casi como las grandes nevadas de invierno en el hemisferio Norte, en otras palabras: impedía combatir durante varios meses al año.   

                                             

En ese contexto los soldados ascaris nativos reclutados por los alemanes se convirtieron en una pequeña ventaja. Bien adaptados al clima, conocedores del terreno, podían suplir las carencias logísticas haciendo de porteadores improvisados de material. El milagro era mantener su lealtad en medio de un conflicto que no les interesaba o que, de hecho, podía potencialmente permitirles el vengarse de los colonos alemanes opresores. Ahí es donde la calidad y disciplina de los oficiales prusianos de la vieja escuela marcó diferencias, así como el carisma del propio Lettow-Vorbeck quien además aprendió a hablar swahili para poder comunicarse directamente con quienes en adelante pasaron a constituir el grueso de ejército.  

                                             

El juego del gato y el ratón de Lettow-Vorbeck y los británicos duró así hasta noviembre de 1917 momento en que se produjo el último gran enfrentamiento directo de la campaña, la batalla de Mahiwa. Lettow-Vorbeck al mando de un contingente de unos 1.500 hombres se enfrentó a aproximadamente 5.000 soldados -en este caso sudafricanos y nativos africanos enrolados- venciendo nuevamente pese a la inferioridad numérica e infligiendo enormes bajas al enemigo (más de la mitad de esos 5.000 hombres resultaron muertos o heridos). Lettow-Vorbeck solo perdió poco más de 500 hombres pero, una vez más, no podía reponer sus bajas mientras sus fuerzas se reducían progresivamente. De hecho tras ese último enfrentamiento y las diversas escaramuzas y operaciones de guerrilla llevadas a cabo en los últimos años a Lettow le quedaban ya un total de menos de 3.000 hombres sumando el conjunto de las fuerzas bajo su mando. 

Simultáneamente a lo anterior se produjo el fracaso de un complicado y pintoresco intento de enviarle suministros desde Europa. El plan consistía en enviar un Zeppelin -el LZ 104 Das Afrika-Schiff- desde Bulgaria directamente y sin escalas hasta el corazón de África portando municiones y medicinas, pero a finales de noviembre, mientras sobrevolaba Sudán tuvo que darse la vuelta debido a que los servicios de inteligencia británicos se habían enterado del plan y pirateado las comunicaciones del Zeppelin con el Estado mayor de Lettow-Vorbeck. Una vez más salían a la luz las debilidades que condenaron a los alemanes en las dos Guerras Mundiales: la en ocasiones delirantemente ambiciosa y optimista planificación general de las operaciones, la mala logística y, sobre todo, la ineptitud de los servicios de inteligencia, constituían en conjunto una constante losa que hacía imposible explotar adecuadamente las victorias logradas sobre el terreno por los magníficos oficiales y estrategas germanos.  

Por todo ello, tras la batalla de Mahiwa, Lettow-Vorbeck viendo los restos de su ejército al borde del colapso logístico decidió abandonar Tanganica e invadir la colonia portuguesa del actual Mozambique en busca de suministros. Así de paso logró escapar al cerco al que lo estaban a punto de someter los diversos cuerpos de ejército movilizados por los británicos y sus aliados en la zona. La contrapartida fue que, aprovechando la retirada de Lettow-Vorbeck hacia el Sur, la colonia de Tanganica fue finalmente ocupada por completo y se convirtió en un protectorado británico.  

Así las cosas durante el siguiente año la tropa nómada de Lettow-Vorbeck, cada vez más reducida y minada por las bajas y las deserciones, peregrinó por Mozambique y las fronteras de Sudáfrica y Rhodesia escapando al enemigo hasta que a mediados de noviembre de 1918 conoció la noticia del armisticio y el final de la guerra en Europa cuando estaba planeando atacar la frontera de la colonia del Congo -controlada por los belgas- desde la actual Zambia (a medio camino entre las posesiones portuguesas de Angola y Mozambique). Sus fuerzas en ese momento consistían en unos 150 soldados y oficiales alemanes y algo más de 1.100 leales soldados ascaris africanos.  

Al final Lettow-Vorbeck fue una precuela de Rommel o quizás el Lawrence de Arabia alemán de la Iª Guerra Mundial, según se prefiera. Pese a militar en el bando perdedor (y el más dudoso éticamente hablando) acabó la guerra invicto y relativamente sin manchas en su comportamiento frente al enemigo o en su historial de toma de decisiones como oficial, todo ello mientras destacaba como figura preeminente en un teatro de operaciones pintoresco y exótico.

  Por supuesto Lettow-Vorbeck logró todo lo anterior a través de una serie de retiradas estratégicas combatiendo batallas de una entidad muy modesta y, en definitiva, llevando a cabo fundamentalmente una guerra de guerrillas. En base a ello antes de acabada la guerra  perdió el control del territorio que teóricamente defendía, pero eso fue debido sobre todo a la total inferioridad logística y numérica sufrida por su ejército frente al enemigo. Sin embargo a la larga lo anterior también implicaba que los ingleses y sus aliados habían desviado recursos y mantenido lejos del continente europeo a miles y miles de hombres persiguiendo a la armada fantasma y nómada de Lettow por las selvas y montañas de África.

    Ese fue su mérito, contribuir lo mejor que pudo a ayudar a su país a combatir en los campos de batalla europeos simplemente molestando al enemigo lo suficiente como para obligarlo a detraer hombres de su pool de fuerzas y enviarlos al muy secundario teatro bélico africano. De esta forma los ingleses enterraron en aquel frente totalmente marginal doce millones de libras esterlinas de la época y aun así sufrieron en él tres veces más bajas de las recibidas en la durísima y cercana (en el tiempo y el espacio) Segunda guerra de los Boers. Todo ello solo para ocupar unas estepas y sabanas que Alemania daba por perdidas al mes siguiente de estallar la Gran Guerra y que en cambio lograron resistir casi hasta el mismísimo final del conflicto.   

Además de lo anterior hay que destacar el realismo (por pura necesidad dada su escasez de hombres, o bien por inteligencia y empatía) que Lettow-Vorbeck mostró siempre para no presentar batalla salvo cuando era adecuado y pertinente, evitando las carnicerías humanas estúpidas a las que se entregaban con fruición por entonces casi todos los jefes militares de alto rango.   

                                             

En 1919 Lettow-Vorbeck regresó a Alemania donde tuvo un recibimiento de héroe. Como dijo MacArthur  “Los viejos soldados nunca mueren; solo se desvanecen”. Poco después contribuyó a la represión de la rebelión espartaquista en Hamburgo, también ese mismo año se casó y a lo largo de la siguiente década el matrimonio tuvo dos hijos y dos hijas. Pero en el seno de la caótica república de Weimar pronto Lettow-Vorbeck  quedó fuera del ejército regular pasando a dedicarse a los negocios.

                                          

       A finales de los años 20 militó de forma notoria en un partido conservador y monárquico que acabó colaborando con el nazismo, aunque Lettow -quien como muchos oficiales de antecedentes nobiliarios consideraba a los nazis apenas unos advenedizos y unos matones de maneras vulgares- tuvo el buen sentido de mantenerse al margen. De hecho no sorprende que uno de sus amigos, Hans-Jürgen von Blumenthal -otro aristócrata y militar chapado a la antigua- participase en el famoso complot para asesinar a Hitler del 20 de julio del 44. Por desgracia para Lettow sus dos hijos murieron sirviendo en la Wehrmacht durante la guerra y su casa fue destruida por los bombardeos durante el conflicto dejándolo en una muy mala situación económica. De hecho en los años siguientes (como sucedió con otros viejos oficiales alemanes de la Gran Guerra que no se habían implicado con el nazismo pero sufrieron las consecuencias de la nueva Guerra Mundial que los nazis desataron) dependió para sobrevivir de la ayuda económica proporcionada por algunos de sus antiguos enemigos: oficiales ingleses o sudafricanos con los que había hecho amistad en los viejos tiempos.   

Una vez pasada esa mala época, entrados los años 50, hizo un viaje de regreso a África para visitar a sus viejos soldados y rivales, viaje patrocinado por un magazine alemán. Por su parte Tanganica se independizó pacíficamente del dominio británico en 1961, durante el proceso descolonizador. Finalmente Lettow-Vorbeck murió en 1964 y eso nos lleva de vuelta al principio de esta historia.  

A su muerte el gobierno de la República Federal de Alemania tuvo la consideración de acordarse de los antiguos ascaris que habían combatido para Alemania durante la Iª Guerra Mundial y se decidió otorgar una pensión de dinero a todos los veteranos que aún vivían para entonces. Al fin y al cabo no podían ser muchos y por tanto sería una medida que no saldría muy cara ya que, además, los beneficiados tampoco vivirían mucho más puesto que ya todos tenían que ser por fuerza muy ancianos, una vez pasados por entonces 50 años del comienzo de la Gran guerra.  

Concretamente eso es lo que llevó en 1964 a Mwanza, en Tanzania, a algunos funcionarios y un banquero comisionados por el Bundestag. Al hacerse público el anuncio 350 viejos soldados se agolparon a las puertas de la oficina el día designado para comenzar el plazo de solicitudes. El mismo Lettow-Vorbeck había repartido en 1918, al final de la guerra, unos certificados firmados de su puño y letra a favor de sus ascaris para que cobrasen sus sueldos atrasados. Nunca los cobraron pero los funcionarios alemanes esperaban basarse en ellos para conceder las pensiones a los supervivientes. Sin embargo solo un puñado de ascaris conservaban dichos certificados (algo lógico porque se habían mostrado como inútiles trozos de papel mojado durante décadas).

      Es ahí donde entra en juego la idea del banquero alemán, con el cual comencé este relato, quien armado con una escoba salió al patio y ordenó como “prueba” de su pasado como ascari que cada solicitante de los subsidios apiñado aquel día en aquel patio ejecutase los movimientos de instrucción y de desfile del viejo código de armas alemán de las Schutztruppe (o tropas coloniales alemanas) en la época de la Iª Guerra Mundial usando la escoba a modo de fusil. 

   Pese al medio siglo transcurrido desde entonces todos los allí reunidos pasaron la prueba.   

La Historia es oscura y alberga horrores 

Una primera cuestión a tocar tras todo lo leído hasta ahora es el contraste de lo ocurrido en el olvidado teatro africano de la Iª Guerra Mundial respecto a lo que ocurrió en Europa en aquellos mismos años. A lo largo de este relato sobre la olvidada guerra por Tanganica desarrollada en África (apenas conocida por el gran público ya que, por ejemplo, solo ha sido recreada -y de forma no demasiado rigurosa- en un par de películas) nos encontramos, para empezar, con oficiales más o menos competentes y preocupados por minimizar bajas en sus tropas. También el mantenimiento de la vieja caballerosidad entre oficiales más propia del siglo anterior que de lo que precisaba la guerra moderna. Asimismo en el caso africano la inmensidad de los espacios y el pequeño tamaño de las fuerzas presentes dieron lugar a una guerra móvil sin trincheras o alambradas. Aquellos campos de batalla junto con, quizás, algunos hechos de armas en la guerra polaco-soviética (1919-1921) de unos años después, son los teatros de operaciones donde en cierta forma se puede ubicar el final de todo un modo de hacer la guerra ya por entonces antediluviano y obsoleto.  

Pero el asunto que realmente me interesaba poner sobre el mantel con esta entrada es el hecho de que algunos de los horrores y las cosas natsis que sucedieron en los peores momentos del s. XX en el fondo comenzaron, nacieron, se incubaron, en el seno de la impunidad y el racismo imperantes durante las postrimerías del mundo colonial decimonónico. En concreto el concepto de campos de concentración para civiles como un apéndice de la guerra por otros medios se empezó a poner a punto en la Cuba española a partir de 1895 (las famosas "reconcentraciones" de Weyler). Luego fue imitado por los EE.UU. durante la Guerra filipino-estadounidense (1899-1902) y al mismo tiempo por los ingleses durante la Segunda Guerra Bóer en el transcurso de la cual murieron uno de cada seis cautivos encerrados en ellos, mujeres y niños incluidos (y eso que los bóer no eran negros “inferiores”, eran blancos civilizados).

                                 

     Con el tiempo el concepto fue puesto en juego por otras potencias, por ejemplo los italianos en Libia. De hecho durante la Iª Guerra Mundial los ascaris y porteadores de las fuerzas alemanas capturados en el conflicto que he narrado también fueron recluidos en campos de internamiento especiales en Tabora en condiciones bastante penosas. Sin embargo la mayoría de esos vergonzosos episodios de diversos pasados nacionales, como no implicaron la masacre de europeos, han sido cuidadosamente olvidados en todos y cada uno de los casos citados.  

Después, claro está, ponemos el grito en el cielo cuando oímos que el gobierno turco se niega a reconocer el genocidio armenio o los japoneses el uso como esclavas sexuales en el pasado de las “mujeres de confort” coreanas. Eso está mal. Pero en general TODOS los Estados de cierto tamaño y tradición tienen muertos en el armario que ni salen en los libros de texto escolares ni, de hecho, ocupan siquiera un lugar en el debate público más crítico. Al fin y al cabo, como en cuanto al pasado histórico casi ningún Gobierno reconoce nada negativo que aún pueda negar plausiblemente, en consecuencia nadie quiere tampoco ser el tonto de la clase y convertirse en el primero y único en confesar a tumba abierta los pecados nacionales. 

       Por ejemplo en el caso estadounidense se puede encontrar debate sobre el exterminio de los indios de las praderas, o el trato vejatorio a la minoría negra, siempre dentro de los límites de EE.UU. Pero las barbaridades cometidas en Filipinas o centroamérica por su ejército siguen siendo aún hoy en día un tema sobre el que no existe apenas debate de ningún tipo. En Inglaterra más o menos se admiten culpas en cuanto a la represión del nacionalismo indio en tanto que figuras como la de Gandhi lograron poner sobre la palestra la cuestión. Pero no todos sus desmanes coloniales los cometieron los ingleses en la India, al fin y al cabo era la “joya de la Corona”. Por tanto mucho habría que decir sobre las cosas natsis que los británicos llevaron a cabo en sus colonias del Caribe en el s. XVIII o en África tiempo después, por ejemplo la brutal represión, con torturas a civiles incluidas, desarrollada en Kenia aún en los años 50 del s. XX. Esos son muertos de los que ya no se habla.

En lo tocante a España existen defensores y detractores de la supuesta “leyenda negra” o sobre el trato bueno o malo a los indios en América, el supuesto exterminio de los mismos o no, o sobre la terrible represión sufrida (o no) por las minorías nacionales en España, el papel del Franquismo, etc., pero por ejemplo el controvertido papel desempeñado por lo peor del ejército español en la colonia de Cuba o en Marruecos, las barbaridades que se llegaron a perpetrar en Guinea o el impresentable mantenimiento a toda costa de la esclavitud en las colonias del s. XIX aún décadas después de que casi todo el resto del planeta la hubiera abolido como institución son otro cantar. De eso no habla mucha gente. Ni siquiera los “críticos”.  

En Alemania mucho se puede hablar sobre quien tuvo la culpa de la Iª Guerra Mundial, los efectos nocivos del exceso de militarismo teutón en Europa, la represión de los judíos, gitanos y homosexuales por parte de los nazis o de los excesos de la terrible Guerra en el Este durante la IIª Guerra Mundial… pero del muy controvertido escenario africano en que se forjaron algunas de las peores prácticas que mucho después emplearían los nazis en Europa nada se suele decir. 

Además, cuando Alemania perdió todas sus posesiones en África tras la Iª Guerra Mundial la zona de Namibia fue puesta bajo la administración de la vecina Sudáfrica, que con el tiempo implantó el sistema de discriminación racial del apartheid. Así que la independencia real de la zona no se produjo hasta 1990 y, desde entonces, el Gobierno de Namibia ha estado dominado por la tribu de los Ovambo -enemiga de los antiguos Herero exterminados por los alemanes- por lo que allí tampoco se ha intentado recuperar la memoria de este pueblo y su exterminio a manos de los alemanes. En contrapartida Namibia es el país que más dinero recibe de Alemania en términos de cooperación para el desarrollo. De hecho, hoy en día, los pocos descendientes de los supervivientes de la tribu Herero malviven encargándose del ganado en las grandes granjas del país, granjas generalmente dirigidas por los alrededor de 25.000 colonos de origen alemán que se hicieron en su momento con la posesión de las mejores tierras y aún hoy siguen en el país. 

Asimismo, en 2004 el Gobierno alemán desautorizó las palabras de su ministra de Ayuda al Desarrollo por entonces, Heidemarie Wieczorek-Zeul, quien pidió perdón por las masacres y reconoció las acciones militares llevadas a cabo en Namibia hace un siglo usando explícitamente la palabra prohibida: "genocidio".  

Eso sí, desde 2006, una pequeña calle a las afueras de Múnich se denomina “Herero Straße” y en 2007 los descendientes de von Trotha viajaron a Namibia para pedir perdón por las hazañas de su antepasado. En esa línea en 2011 los restos de cráneos y esqueletos de miembros de las tribus Herero y Nama que habían sido atesorados para sus experimentos por Eugene Fischer y seguían guardados en Berlín fueron devueltos a Namibia, aunque la ceremonia acabó en escándalo cuando la representante de la delegación alemana que viajaba con los restos abandonó el acto tras ser abucheada. Finalmente en 2012 tras un arduo debate de media hora el Parlamento alemán decidió definitivamente oponerse a reconocer como genocidio la matanza sistemática que el Imperio alemán practicó contra diversas tribus de la actual Namibia a principios del siglo XX.  

Von Lettow como personaje de un episodio de Las aventuras del joven Indiana Jones

       En ese sentido da para pensar que la figura amable y políticamente correcta de Lettow-Vorbeck ha sido usada en ocasiones como un adecuado señuelo para despistar y desviar la atención sobre otras cosas no muy agradables de recordar que ocurrieron en las colonias alemanas más o menos durante la época de sus caballerosas hazañas.   

Finalmente, entroncando un poco con lo anterior, no puedo evitar hacerme preguntas incómodas sobre algunas de las figuras clave y supuestamente positivas de ese período de la historia. Cuando pienso en la relación de Karen Blixen con sus adorados kikuyos kenianos, Lawrence Arabia con sus queridos árabes, o Lettow-Vorbeck con sus fieles ascaris veo lo hermoso de la misma, pero también el paternalismo y la hipocresía más asquerosos.

      Por un lado tenemos a personas que rompieron las barreras culturas para interesarse por conocer realmente otras culturas, por entender a los “otros” cuando casi nadie lo hacía, pero en muchos casos ese impulso da a veces la sensación de que tenía más de conveniencia y de afán de autorrealización personal que de genuino interés por ayudar al “otro”. Al fin y al cabo Lawrence no dejó de ser un agente al servicio del imperialismo británico que mientras prometía a los árabes “el oro y el moro” contribuía a que su gobierno se repartiese a espaldas de ellos y de los judíos el dominio de la zona mediante el acuerdo Sykes-Picot.

       Por su parte Karen Blixen tuvo una granja en África, pero no le representaba ningún problema que se encontrara sobre tierras expropiadas que en otro tiempo pertenecían a esos bondadosos salvajes del lugar, los cuales habían sido desposeídos de ellas por la fuerza y de cara a poder seguir viendo en sus territorios ancestrales se veían obligados a trabajar gratuitamente para el amo o en este caso la ama blanca de turno. Ama que por supuesto apreciaba su bondadoso y pintoresco primitivismo y les dispensaba algunos cuidados básicos como recompensa.

    Algo parecido puede plantearse uno sobre los ascaris que combatían para Lettow-Vorbeck a mayor gloria del imperio alemán (y las tropas indias y africanas que lo hacían en favor de los ingleses por entonces). Esos valerosos ascaris al servicio de la potencia que había exterminado a gran parte de las tribus de la zona pese a todo combatieron, murieron, fueron internados en campos por los ingleses, vieron como toda Tanzania quedó arrasada (debido a las requisas para suministrarse del ejército de Lettow-Vorbeck o bien por la política de tierra quemada implementada por los británicos para dejarlo sin suministros) en aras de un conflicto que no les concernía en nada. Luego de todo eso tuvieron que soportar además la hambruna subsiguiente, la cual se extendió hasta bien entrados los años 20, y aun así décadas después permanecían leales al recuerdo de su viejo líder momento en que el gobierno alemán les otorgó por fin algunas migajas para cubrir las apariencias. En cierta forma nos recuerdan a los esclavos ilotas de los espartanos que durante infinidad de guerras lucharon en favor de la libertad... de sus amos.  

En cambio cuando el Lettow-Vorbeck, el Lawrence o la Karen de turno ganaron su guerra o se les terminó el dinero, volvieron a sus países de origen para normalmente no regresar jamás a África o Arabia, ni volver a hacer nada por los “simpáticos indígenas” que les habían sido fieles haciendo de atrezzo humano necesario en sus aventuras en busca de gloria y sus juegos paternales.  

Claro está que si esas personalidades inigualables fueron capaces de desencadenar tanta lealtad por parte de los dominados algo debían tener. En todo caso prefiero aquí reivindicar la figura de los Albert Schweitzer de turno antes que la de los Lettow-Vorbeck. 

 Por cierto. Kinjikitile Ngwale alias Bokero el brujo del agüita mágica es hoy en día considerado como un “padre de la patria” por los libros de texto escolares en Tanzania.

4 comentarios:

  1. Ya conocía la figura de von Lettow-Vorbeck aunque como dices, no conocía bien los antecedentes de la ocupación alemana en África. No hubo un Joseph Conrad de la ocupación alemana, como sí lo hubo de la belga. Todos tenemos nuestras culpas, y no es grato reconocerlo...

    Sin embargo, hay una cosa que quería comentar: también los puebos y naciones africanas tienen sus esqueletos en el armario. No todos eran inocentes indígenas que sufrieron la colonización europea: otros eran pueblos tan guerreros como los europeos, pero no tan avanzados. Y la esclavitud de millones de africanos fue efectuada por otros africanos, no sólo los árabes del norte, también los propios negros esclavizaban otros pueblos negros y los vendían a los blancos que no podían adentrarse bien en el interior, gracias a las enfermedades.

    Aunque la verdad es que yo también desconozco mucho de la historia y cultura africanas, es otro tema más de los que tengo que mirar.


    P.D.1: seguramente vi el episodio con Von Lettow de Las Aventuras del Joven Indiana Jones, pero la verdad es que no lo recuerdo. Sí recuerdo vagamente el episodio en que salía Schweitzer, creo que salvaban la vida a un niño que llegaría a ser presidente del país o algo así X-D. Una serie muy divertida, me están entrando ganas de volver a verla.

    P.D.2: te felicito por el blog. Me está gustando muchísimo, con entradas muy amenas sobre temas muy interesantes. Seguiré leyendo el blog, que ya desde su mismo nombre invita a reflexionar: cada uno de nosotros es una narración, un cuento. O incluso, una saga de cuentos, interrelacionados, como el cuento falso de la Historia-en-General o el de la Historia-de-mi-Nación. Somos esos cuentos porque son los que nos conforman. Si tenemos en cuenta lo que nos cuentas y lo que nos quieres contar X-D, tu narración también es un cuento, el cuento de la Verdad, la Verdad de la Historia. Así que tras conocer la Verdad de la Historia, no es verdad que no queda Nada, ni tan siquiera la Historia, pues queda la Verdad. Pero, ¿es acaso lícito desmontar los cuentos falsos de la Historia y la Nación, para dejar sólo la Nada, la narración de la Historia Verdadera Derrumbada En El Barro? ¿La destrucción de la caverna? Es Verdad que yo quiero aprender de la Historia, intentar aprehenderla, y para ello conocer su Verdad. Pero no dejo de hacerme aquellas preguntas. Tal vez podría preguntar a algún experto en el tema, por ejemplo a alguno de los expertos tan reputados que hubo en la Antigüedad. Pero la Verdad es que Platón no me cae bien, Jerjes nos diría que sí es lícito pues es lo que ordena Ahura Mazda (pero automáticamente Jerjes me indicaría encantado cuál es La Verdad Verdadera); y por último Sócrates en vez de responder, me preguntaría a su vez a: "Pero dime, ¿QUÉ es la Verdad?".

    (Bueno, ya dejo de desvariar :-)).

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  2. Interesante. Por partes.

    1- Ciertamente casi todos los imperialismos de la historia, empezando por el romano y continuando por todo los que lo siguieron, se han podido llevar a cabo solo gracias a la colaboración de al menos una parte de los dominados, sobre todo sus elites. La dominación británica en la India es un ejemplo paradigmático.

    En África no solo las élites indígenas se prestaron al juego sino que los europeos se beneficiaron de los enfrentamientos étnicos endémicos para apoyarse en unos pueblos contra otros, obtener esclavos o reprimir revueltas. Así que a veces los “dominados” no están para nada libres de culpa como bien dices, por supuesto. Además de que tampoco creo en el mito del buen salvaje ni en que todas las culturas sean igual de desarrolladas a su modo o que todas sus costumbres deban ser respetadas. Pero desde luego en el caso del dominio europeo hubo muchas cosas muy malas.

    2- Las Aventuras del Joven Indy es una serie muy peculiar para el medio televisivo más que nada por el amor a la historia (y no a la historia yanqui precisamente sino en general, la Historia con mayúsculas) que se respira en ella. Es inusual solo por eso, no me suena otro producto estadounidense producido en los años 80 o 90 que muestre tanto genuino interés por el pasado histórico ajeno. De hecho las propias películas de Indiana Jones son más bien aventuras clásicas en un universo falsamente histórico con toques exotéricos, no muestran verdadero amor por la historia ni Indiana es un verdadero arqueólogo apasionado, es un badass que podría perfectamente ejercer de mercenario o contrabandista en vez de profesor y arqueólogo. En cambio la serie sí muestra ese cariño.

    Pese a todo no ha aguantado demasiado bien el paso del tiempo y vista hoy tiene muchas escenas ñoñas o donde se echan en falta unos buenos CGI o algo, pero en sus guiones salen muchos personajes muy interesantes de un período ya interesante de por sí, y algunos de los que salen no son para nada de los más conocidos. Paradójicamente si bien por aquellos años era una serie muy por encima de la mayoría de las que se emitían no gozó de demasiada suerte con las audiencias y acabó siendo cancelada.

    Una cosa curiosa que tiene es que es un poco como Corrupción en Miami, o sea fue una serie que vista hoy sorprende por el acierto en el casting. En sus episodios salen haciendo papeles secundarios por lo menos media docena o más de actores que hoy son estrellas pero que entonces eran medio desconocidos y algo parecido creo que pasa con el plantel de guionistas y directores de algunos episodios. Por ejemplo recuerdo el caso de un episodio donde salen unos jóvenes Catherine Zeta Jones y Daniel Craig haciendo de espía creo que alemana y de oficial turco o alemán (no estoy seguro así de cabeza).

    3- Lo cierto es que LA VERDAD en el caso de la Historia es un horizonte inaprensible. Unos la falsean por conveniencia, por miedo, por afán de manipulación, otros (tal vez yo) pueden falsearla sin saberlo quizás dejándose llevar por prejuicios o quizás por error o porque es muy complicado desentrañar a ciencia cierta las motivaciones de diversos sucesos del pasado cuando a veces ni nosotros mismos estamos seguros de cosas tan simples como el por qué cortamos con la novia el mes pasado. Es muy complicado llegar a tocar la VERDAD. Se trata más bien de estar constantemente persiguiéndola para así, por lo menos, no estar siempre en el mismo valle, poder contemplar muchos paisajes diferentes y darse cuenta por tanto de la variedad de perspectivas que pueden existir.

    Yo más que intentar contar la VERDAD lo que quiero es acostumbrar a la gente a que sea crítica, que se haga preguntas y que desconfíe, que no se queden con una confortable verdad concreta y que no dejen de leer, aprender y preguntarse cosas. Sobre eso en parte va a tratar la siguiente entrada.

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  3. Una cosa he de reconocer Sr. "John Surena", sus articulos estan bien, muy bien escritos. He leido con interes el titualdo "De romanos y picoletos", aunque creo que me inclino por la primera opcion, respecto al emblema, que, por otra parte, como Usted mismo reconoce, es un tema menor, y, en el sentir popular general, creo que hoy una inmensa mayoria asociaria a valores positivos, de Ley, surgida de un parlamento representativo, justicia y orden... Aprecio su esfuerzo por desmitificar algunas cosas, pero, me tareveria a pedirle aun mayor neutralidad, un poco como la que, indirectamente se lemha pedido en el comentario anterior al evocar a los africanos, antes de ser colonizados. En cualquier caso, lo que hecho de menos seria una relacionn de fuentes, o de libros con los que ampliar conociminetos sobre los temas tratados. Me permito sugerir a otros lectores los siguientes:
    Para una version ilustrada de lo que sirve de base a este articulo, dos libritos de la editorial britanica Osprey, concretamente de su serie de hostoria y uniformologia Osprey Men at Armas (que Usted quizas conozca):
    "Imperial German Colonial and Overseas Troops 1885-1918" del norteamericano Alejandro de Quesada (con dibujos de Chris Dale) que destaca por relatar lo atroz de la represion de sublevaciones por los alemanes, en particular en las actuales Namibia y Tanzania)
    - "Armies in East Africa 1914-18" de Peter Abbott con laminas de Raffaele Ruggeri, que cuenta la primera guerra mundial en Kenya y Tanganyka, y por tanto habla bastante de Paul Von Lettow-Vorbeck.
    - En relación con un comentario suyo sobre el llamado genocidio Armenio, aconsejo leer fuentes turcas o como poco profundizar un poco mas, para matizar los hechos. Una primera aproximacion, ligera la podrian aportar los libritos de Osprey que tratan del ejercito Otomano durante la Primera Guerra Mundial, o el interesante, "Armies of the Greek-Turkish War 1919-22" por Phillip S. jowett con laminas de Stephen Walsh, publicado en 2015.
    En general, para tener idea de la situacion del africa colonizada por los Europeos, y de las atrozidades cometidas incluso en los años veinte del siglo pasado, fue un descubrimiento leer" Voyage au Congo" de Andre Gide publicado por vez primera en 1927 por Gallimard, y que sorprende por las masacres de las tropas coloniales francesas en el Congo Brazzaville. Obviamente es casi obligado el "Heart of Darkness" de Joseph Conrad novela que transcurre en el Congo Belga a finales dl S. XIX. Una editorial española de libros de viaje, "Ediciones del Viento" ha sacado bastantes novelas interesantes. En estos momentos tengo a mano dos: "Tres años en el Congo" del oficial belga Theodore Westmarck, y un opusculo de Winston Churchill: "Mi viaje por Africa" que describe sobre todo su paso por Las actuales Kenya y Uganda asi como su descenso del Nilo en 1907.

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  4. Soberbia entrada, como todas las de este blog, que he devorado con fruición. Me quito la boina.

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