jueves, 31 de marzo de 2016

Los otros orientalistas



En el otoño de 1066 milité en el puente de Stamford, ya no recuerdo si en las filas de Harold, que no tardó en hallar su destino, o en las de aquel infausto Harald Hardrada que conquistó seis pies de tierra inglesa, o un poco más. En el séptimo siglo de la Héjira, en el arrabal de Bulaq, transcribí con pausada caligrafía, en un idioma que he olvidado, los siete viajes de Simbad y la historia de la Ciudad de Bronce. En un patio de la cárcel de Samarcanda he jugado muchísimo al ajedrez. En Bikanir he profesado la astrología y también en Bohemia. En 1683 estuve en Kolozsvár y después en Leipzig. En Aberdeen, en 1714, me suscribí a los seis volúmenes de la Ilíada de Pope; sé que los frecuenté con deleite. Hacia 1729 discutí el origen de ese poema con un profesor de retórica, llamado, creo, Giambattista; sus razones me parecieron irrefutables. El 4 de octubre de 1921, el Patna, que me conducía a Bombay, tuvo que fondear en un puerto de la costa eritrea. Bajé; recordé otras mañanas muy antiguas, también frente al Mar Rojo, cuando yo era tribuno de Roma y la fiebre y la magia y la inacción consumían a los soldados. En las afueras vi un caudal de agua clara; la probé, movido por la costumbre. Al repechar el margen, un árbol espinoso me laceró el dorso de la mano. El inusitado dolor me pareció muy vivo. Incrédulo, silencioso y feliz, contemplé la preciosa formación de una lenta gota de sangre. De nuevo soy mortal, me repetí, de nuevo me parezco a todos los hombres.

Jorge Luis Borges, “El inmortal”. 




Hace unos días os hablé de la pintura orientalista en líneas generales, e intenté presentaros la obra de algunos de sus principales representantes. Hoy partiendo de esa base voy a profundizar un poco en la cuestión aunque desde otro punto de vista, para no aburrir. Vamos a ver pintores que de alguna forma pueden clasificarse dentro del género orientalista, pero que no encajan totalmente en esa denominación o cuya obra presenta alguna particularidad que me parece interesante resaltar.  

domingo, 27 de marzo de 2016

Los orientalistas


   Occidente no conquistó el mundo por la superioridad de sus ideas, valores o religión, sino por la superioridad en aplicar la violencia organizada. Los occidentales suelen olvidarse de este hecho, los no-occidentales nunca lo olvidan.

Samuel Phillips Huntington






En 1978 Edward Said publicó su famoso ensayo Orientalismo en el cual ponía en cuestión la forma en que la cultura occidental ha representado históricamente a las sociedades “orientales” muy especialmente el mundo musulmán de Oriente Medio y el Norte de África (es decir el mundo turco, árabe y bereber) durante la época contemporánea. Resumiendo y simplificando mucho, según Said, la cultura occidental se habría dedicado desde hace siglos a perpetuar una visión estereotipada y condescendiente sobre las sociedades de la zona, las más de las veces basándose para ello en tópicos cuando no en prejuicios. Eso en el mejor de los casos, en el peor dicha percepción tendría un trasfondo para nada inocente vinculado con cuestiones políticas e ideológicas, ya que la difusión de esa imagen distorsionada del mundo oriental serviría como apoyo y en parte justificación -de cara a sus propios ciudadanos- del sempiterno imperialismo e intervencionismo occidental en esas regiones del mundo.

viernes, 18 de marzo de 2016

New York, New York


Esos molinos contra los que embestíamos fueron creados por hombres para girar unas piedras que transforman la generosidad de la tierra en harina. De esos humildes comienzos creció el sorprendente mundo moderno en el que vivimos ahora. No podemos conquistar las montañas, pero nuestros ferrocarriles ahora pasan a través de ellas con facilidad. No podemos vencer al río, pero podemos doblarlo a nuestro antojo y poner diques para nuestros propósitos. Vivimos ahora en un tiempo de posibilidades infinitas.

Clive Owen en el episodio piloto de The Knick, “Método y locura”. 


                                        

                                                

Continuando con fotografías sobre los EE.UU. durante el tránsito hacia el siglo XX hoy vamos a visualizar algunas imágenes de Nueva York en torno a 1903-1909 aproximadamente. Espero que os gusten. Para el que quiera más inmersión, además de los vídeos de encima, aquí podéis ver un documental con imágenes pertenecientes a la ciudad tomadas en esos años. 

sábado, 5 de marzo de 2016

La ciudad húmeda


No es lo que no sabes lo que te pone en problemas, es lo que crees que sabes cuando resulta que no es así.

Mark Twain. 





A comienzos de cada mes suelo repasar una lista de páginas y revistas de arqueología que he ido seleccionando con el tiempo, todo ello con el propósito de ponerme al día periódicamente acerca de lo que se va publicando y ya de paso tomar nota de referencias que me puedan resultar útiles por ejemplo de cara a este blog.

En cuanto a eso último rara vez me deslumbran los descubrimientos puntuales en sí mismos sino que me esfuerzo más bien por encontrar ideas o teorías que posean un segundo nivel de interpretación, una vuelta de tuerca que darles, relacionada con las grandes cuestiones que me preocupan. Por ejemplo ya sabéis que me interesa mucho analizar cómo habitualmente a la hora de recuperar el pasado lo que en realidad solemos hacer es reinventarlo en función de nuestras obsesiones e intereses del presente.

El caso es que, en ese sentido, este mes me ha llamado la atención una nueva teoría lanzada por investigadores acerca del colapso de Cahokia. Y por tanto de eso es de lo que voy a hablaros hoy. Claro está, como siempre, daré algunas vueltas antes de llegar al meollo de la cuestión, todo ello con la intención de que durante el trayecto disfrutéis del paisaje y de paso, sin esfuerzo, os vayáis haciendo con los datos necesarios para poder comprender el contexto del problema y consecuentemente la belleza y miserias de su posible solución.