sábado, 29 de agosto de 2015

El sensual Oriente


Mi padre creía en un Dios enfadado y vengativo, uno que castiga la transgresión con dolor y sufrimiento. Cuando era niño me enseñó a encogerme de miedo delante de él. Pero cuanto más viejo me hago, más me enfurece su dogma. 

Kai Proctor, en el capítulo sexto de la tercera temporada de “Banshee”




Después de haber repasado en una entrada muy general los comienzos de la fotografía en el mundo islámico, estoy dedicando de forma complementaria algunas entradas sueltas a fotógrafos concretos o países particulares dentro de la inmensa amalgama que he resumido con ese epíteto de "mundo islámico".

Por ello hoy le toca el turno a Irán (o Persia si alguien prefiere ese término). Curiosamente las primeras cámaras fotográficas (en su caso daguerrotipos) llegaron a esa zona del mundo relativamente pronto, en concreto a comienzos de los años 40 del s. XIX, menos de un lustro después de su invención. Eso se debió fundamentalmente a una azarosa conjunción de factores. Básicamente, el príncipe heredero del trono en aquel entonces, Naser al-Din, quedó muy impresionado por las primeras noticias del nuevo invento y debido a ello pronto recibió como regalo dos aparatos fotográficos, uno de ellos proporcionado por diplomáticos ingleses y el otro por embajadores rusos. Poco después, concretamente en 1848, Naser al-Din accedió al trono y desde entonces hasta su muerte (asesinado) en 1896 patrocinó a diversos fotógrafos extranjeros para que trabajasen a su servicio tomando imágenes de él mismo y su familia, así como de diversos monumentos y lugares por todo el país. Además dentro de la estirpe gobernante esa pasión por las artes visuales era también compartida por otro miembro destacado de la dinastía, en concreto el príncipe Ghasem Mirza, el cual desde finales de los años 40 y sobre todo desde principios de los años 50 del s. XIX tomó personalmente numerosas fotografías del entorno de la Corte.   

Dicho esto, entre los fotógrafos profesionales extranjeros que trabajaron al servicio real hay que tomar nota del inglés Jules Richard que se instaló en Teherán ya en 1844 y más adelante, en los años 60, se convirtió al islam con el nombre de Agha Reza. Posteriormente su hijo, al que puso el nombre de Yousef, heredó el negocio fotográfico paterno.

Para entonces se había asentado en el país el italiano Luigi Pesce, de cuya obra, acumulada durante los primeros años 60, se conservan actualmente 75 fotos en los fondos del Museo Metropolitano de Nueva York. Asimismo, de esa época, se conservan también unas 60 fotografías tomadas por otro fotógrafo italiano, de nombre Luigi Montabone, que este último exhibió en la Exposición Internacional de París celebrada en 1867.

Pero sin duda los fondos claves para observar la apertura del mundo persa a la modernidad son los legados por otro fotógrafo de nombre Antoin Sevruguin, hijo de un diplomático ruso casado con una mujer de ancestros armenios-georgianos. Antoin se asentó en Teherán y, una vez establecido allí, tomó miles de fotografías de toda Persia y su entorno durante una carrera profesional que se extendió desde los años 70 del s. XIX hasta bien entrado el primer tercio del s. XX.

miércoles, 19 de agosto de 2015

Vuelve el hombre


Una nación de ovejas engendra un gobierno de lobos.

Edward Murrow


                   
                     

Hoy da la casualidad de que las ediciones online de los dos grandes diarios españoles, primero El País y luego el ABC, nos sorprenden con las tradicionales galerías veraniegas constituidas por fotografías de Vladimir Putin. Un espectáculo ya tan entrañable y aterrador como en su momento los posados playeros de Ana Obregón. 

domingo, 16 de agosto de 2015

Todo bajo el cielo (De emperadores y asesinos)


 - ¿Una película… qué?
 - “Wuxia”…, artes marciales…, chinos que vuelan.
 - Oh, como “Tigre y Dragón”.

 The good wife, “Hola” (episodio 14).


 Hace no tanto si querías hacerte con el poder político en un país determinado simplemente necesitabas controlar al ejército y a la policía. Hoy en día solo en los países más atrasados se usan tanques al llevar a cabo un golpe de Estado. Por el contrario si el país en cuestión ha alcanzado un alto nivel de industrialización la escena en su conjunto cambia totalmente. El día después de la caída de Khrushchev fueron reemplazados los editores de “Pravda” e “Izvestiia”, así como las cabezas visibles de la radio y la televisión estatales, por el contrario el ejército ni fue llamado. Hoy en día un país pertenece a las personas que controlan las comunicaciones.

Umberto Eco en “Travels in Hyperreality”, 1986.



     


Un tweet escrito esta semana por el líder del colectivo Podemos me va a dar el tema para la entrada de hoy. Básicamente me voy a dedicar a explicar por qué su fugaz comentario sobre una película china resulta más interesante de lo que parece a simple vista, intentando de paso desarrollar en profundidad el trasfondo del asunto.

jueves, 6 de agosto de 2015

En el culo del mundo


Tebas, la de las Siete Puertas, ¿quién la construyó?
En los libros figuran los nombres de los reyes.
¿Arrastraron los reyes los grandes bloques de piedra?

Y Babilonia, destruida tantas veces,
¿quién la volvió a construir otras tantas?

Bertolt Brecht, “Historias de almanaque”



Seamos sinceros, los destinos más emblemáticos del turismo cultural a lo largo del planeta frecuentemente lo son no solo por su intrínseco valor histórico (el cual se les presupone) sino también por encontrarse en lugares adecuadamente cercanos a núcleos urbanos y redes de comunicaciones más o menos modernas (aunque sea en el seno de países poco desarrollados) todo lo cual permite acercar grandes grupos de turistas hasta las proximidades de forma segura y cómoda.

La mayor parte del gran patrimonio histórico conocido con el tiempo ha ido amoldándose a estos requisitos, o en todo caso ha influido en la construcción de alojamientos y carreteras en su proximidad. Fijaros si no en la transformación del entorno próximo a las pirámides de Guiza entre comienzos del s. XX y la actualidad (la zona ha sido casi engullida como un barrio periférico de El Cairo).
        




                       
Pero no siempre esas condiciones se cumplen. Afortunadamente por todo el mundo sobreviven todavía algunos restos del pasado mayormente desconocidos para el gran público debido a que han sido descubiertos en épocas recientes, o se encuentran en lugares adecuadamente aislados de los circuitos turísticos tradicionales, en medio de selvas, montañas mal comunicadas, o bien en zonas de conflicto. Por ejemplo, es mucho más fácil contemplar pinturas rupestres en la cornisa cantábrica o el Sur de Francia que desplazarse a la amazonía colombiana donde en la sierra de Chiribiquete se han encontrado más de 30 murales con dibujos y pictogramas que en algunos casos se remontan a hace más de 15.000 años de antigüedad. También es más cómodo visitar restos romanos en Italia o España que viajar a examinar las por demás espléndidas ruinas de Leptis Magna en Libia u otros excelentes restos dispersos por Argelia. De la misma forma resulta mucho más sencillo darse una vuelta por el románico catalán o visitando catedrales en Francia que inspeccionando los igualmente interesantísimos templos medievales de Georgia (foto de más abajo), Armenia, Moldavia, Kosovo, o el Monasterio de Santa Caterina en pleno desierto del Sinaí.

sábado, 1 de agosto de 2015

Por un puñado de dólares


 - Un caballero no debe fumar en presencia de una dama.

- Hace tres semanas le extraje una bala a un hombre que había sido herido por un caballero. La bala estaba en la espalda.

     John Carradine y Thomas Mitchell en “La Diligencia”


Por casualidad me he dado de bruces con el libro Airmen Without Portfolio: U.S. Mercenaries in Civil War Spain, escrito por un tal John Carver Edwards (autor que no conocía previamente ya que ni el tema ni el período me interesan particularmente). No obstante ese desconocimiento me ha servido para, tras hojear muy por encima su libro, empezar a interesarme y tirar del hilo, ya por mi cuenta, en torno a la existencia de diversos “mercenarios del aire” durante el segundo cuarto del s. XX fundamentalmente.  

¿De qué hablo?. Veamos. En la Guerra Civil española combatieron unos 2.800 estadounidenses a favor de la República, en su mayoría como soldados de infantería (encuadrados principalmente en el famoso Batallón Abraham Lincoln). No obstante en su libro Edwards se dedica a examinar en concreto la vida y andanzas de los poco más de una docena de aviadores estadounidenses que lucharon alistados en el bando republicano durante la Guerra Civil española.