sábado, 25 de enero de 2014

Momias incómodas


La tradición es la transmisión del fuego, no la adoración de las cenizas.

Gustav Mahler




Las momias han aportado mucha información a los historiadores. De cara al conocimiento del pasado remoto contamos, claro está, con el estudio de las famosas momias procedentes del Egipto faraónico, pero también existen ejemplos provenientes de algunas civilizaciones precolombinas como la cultura nazca o los incas. De hecho del mundo andino americano proceden las momias de Chinchorro, de hace unos 9.000 años, por tanto las momias intencionadas más antiguas conocidas. 

      Además, a la momificación voluntaria de cadáveres -practicada, como se ha mencionado, por diferentes civilizaciones- habría que sumar la existencia de algunos casos excepcionales. Casos en los que terrenos especialmente secos (por deshidratación extrema del cadáver) o bien extremadamente fríos (mediante congelación) han servido para conservar de forma espontánea y casual cadáveres de individuos de hace miles de años. 

      Eso es lo que ocurrió con el famoso Ötzi, un hombre de hace más de 5.000 años que se desangró hasta morir en los Alpes y cuyo cadáver congelado fue recuperado casi intacto hace un par de décadas. Por su parte el llamado Tollund Man es el cadáver momificado de un hombre del s. V a.n.e. encontrado en una turbera de Dinamarca en perfectas condiciones de preservación. A su vez en Inglaterra se encontró en un pantano al llamado Lindow Man, un cadáver del s. I que ha servido para conocer diversas cuestiones sobre la dieta o las costumbres de la sociedad de la isla en los momentos previos a caer bajo la dominación romana.  

En general gracias al estudio de los diversos tipos de momias hemos podido conocer una serie de cosas sobre cuestiones relativas a los hábitos de alimentación, las enfermedades, los rituales mortuorios o los gustos estéticos (por ejemplo en cuanto a peinados) que en enterramientos más convencionales normalmente se nos escaparían ya que en esos casos el rastro se pierde más fácilmente con la putrefacción de los cadáveres inhumados de forma convencional (por no hablar de la escasa información que nos dejan al respecto muchos de los pueblos que en el pasado han optado por la incineración como forma de acceder al más allá para sus difuntos).


En Asia se han encontrado momias en diversas regiones pero quizás las más interesantes de los últimos años sean las momias del río Tarim halladas en lo que es la región autónoma de Sinkiang o Xinkiang, en China. Dichas momias abarcan un período que va desde más o menos los comienzos del IIº milenio antes de nuestra era, hasta el s. III de la misma o incluso después.

No voy a hablar aquí de lo que nos enseñan en sí sobre los detalles cotidianos del pasado sino que voy a centrarme en una cuestión sobre la que volveré en muchas más ocasiones en este sitio porque a mi modo de ver sí es algo a lo que poca gente le presta la debida atención: la utilización política del pasado.

Alguien puede decir, ¿pero se puede manipular ideológicamente a unas inocentes momias perdidas en medio de ninguna parte (en su caso en la cuenca de un río situado entre el desierto de Taklamakan y las primeras estribaciones de las cordilleras tibetanas). Y ese es el problema, como no vemos claramente la forma en que podría importar manipular algo ocurrido hace milenios, ni tampoco comprendemos cómo podría algo así llevarse a cabo, es por lo que acabamos estando completamente indefensos ante las manipulaciones del pasado cuando éstas se producen. 

     En este caso la cuestión política que subyace bajo la disputa arqueológica es muy sencilla. China considera Sinkiang como parte inalienable de su territorio por cuestiones históricas, estratégicas (es una zona de paso clave para acceder a Asia Central) y, sobre todo, económicas. A este último respecto la región bien podría convertirse en la "Kuwait" de Asia Central ya que buena parte del territorio forma parte del desierto de Taklamakán (el segundo mayor desierto de dunas del mundo) donde en 1993 se descubrió petróleo. Hasta ese momento la zona apenas poseía infraestructuras o un censo fiable, pero desde entonces se ha convertido en estratégica para las perspectivas futuras de autoabastecimiento energético de la economía china. Debido a ello el Estado chino como tal ha empezado a tomar mucha más presencia en la región durante las dos últimas décadas.   

Sin embargo allí, al igual que ocurre por ejemplo con el Tibet, la soberanía china ni está clara ni, por tanto, es deseada por toda la población. En Sinkiang el grueso de la población es de etnia uigur, un pueblo con una lengua de raíz turca y que profesa la religión musulmana. Son más de 9 millones de uigures los que habitan un territorio donde viven unos 20 millones de personas en total. En cuanto al resto de habitantes quizás otros 8 millones de habitantes son esencialmente chinos en cuanto a idioma o cultura y el resto una mezcla. El resultado de esta convivencia forzada entre tipos de población muy variados ha sido la incomodidad para todos. De hecho, en último término, durante las últimas décadas la animosidad entre los diversos grupos de población ha ido in crescendo expandiéndose poco a poco entre los uigur (que se sienten colonizados por los chinos) el fenómeno del terrorismo islámico (de cuya expansión en la Asia Central no tenemos mucho conocimiento en Occidente porque los uigures de la región no están –obviamente- demasiado interesados en atentar contra EE.UU. o Europa occidental, sus problemas son con China y, por tanto, logicamente, sus andanzas no tienen demasiado interés a los ojos de los medios de comunicación occidentales).

Pues bien, por debajo de ese enfrentamiento cada vez más abierto entre comunidades subyace la cuestión de quién tiene derecho a vivir allí, es decir a quien pertenece la soberanía legítima en el territorio. Asunto para el cual la historia, como descubridora de verdades o bien como legitimadora de mentiras, desempeña un papel fundamental. Llegamos así a la pregunta clave: ¿los antepasados de qué grupo de población fueron los que ocuparon primero el territorio?. Ahí es donde entran en juego las momias de Tarim.

Lo que enseñan los libros de texto escolares en la zona es un relato más bien favorable a las aspiraciones chinas. Según la historia oficial los chinos, o más bien sus ancestros, llegaron por primera vez a Sinkiang a finales de la dinastía Han, es decir a finales del s. II o tal vez comienzos del s. III de nuestra era. Esa presencia china por entonces no fue importante ni siquiera permanente durante los siguientes siglos, pero marcó un punto límite -como frontera máxima e ideal en la expansión hacia el Oeste de la civilización china- cuyo control los gobernantes chinos buscaron recuperar más adelante durante todo el período que en Occidente llamamos Edad Media. Por otro lado sería ya en un momento tardío, quizás en torno al s. X, cuando los uigures hicieron acto de presencia de forma oficial en la historia de Sinkiang, teritorio que ellos prefieren denominar Turquestán oriental o Uiguristán.

Ahora bien, lo primero que parece que se podría establecer por ahora a partir de un análisis imparcial de las momias de Tarim es algo que, en el fondo, ya se podía deducir previamente por pura lógica. La región debido a su ubicación geográfica constituye, como ya se ha dicho, un paso natural entre cadenas montañosas y una escala obligada para superar el desierto que separa China del acceso a Asia Central. Debido a esto, por cierto, las ciudades de la región, como Kashgar, fueron un punto clave de la Ruta de la Seda durante la mayor parte de su historia. Por tanto es de suponer que aún en época antigua o incluso prehistórica esa condición de escala natural entre áreas clave del continente convirtiese la región en un melting pot natural, es decir una zona de confluencia entre pueblos y culturas con un alto grado de mezcla entre grupos de población diversos.

    Llegados aquí me gustaría mencionar otra idea en la que si bien hoy no me extenderé será algo sobre lo que volveré en más ocasiones: el movimiento de personas y los contactos entre pueblos fueron más habituales de lo que habitualmente se cree en lo tocante a épocas muy antiguas de la historia. A este respecto hoy en día mucha gente tiene en su cabeza una imagen según la cual la mayor parte de grupos humanos anteriores por lo menos al s. XV vivían profundamente apegados a sus territorios de caza y las parcelas de tierra que cultivaban, no solo inmóviles sino además ignorantes de todo lo concerniente a otros pueblos ubicados a más de unas semanas de marcha allende sus fronteras. Sin embargo las cosas muy probablemente no eran exactamente así. 

      Es cierto que la movilidad de los humanos se dispara sobre todo a partir del segundo tercio del s. XIX  a niveles nunca vistos antes. Pero no es menos cierto que cada vez más la arqueología nos lanza avisos de que el comercio o los desplazamientos de amplio radio no eran imposibles o totalmente infrecuentes incluso en épocas todavía prehistóricas. Desde luego en épocas pretéritas trasladarse de un lugar a otro resultaba más arriesgado, más lento, mucho más difícil, que en períodos más cercanos al presente, por tanto mucha menos gente se desplazaba con la frecuencia habitual hoy en día, e incluso un buen porcentaje de la población jamás llegaba a alejarse en toda su vida del territorio donde habían nacido. Pero aún así una parte de determinados grupos sociales (mercaderes, soldados, sacerdotes, nobles…) viajaba, y no solo con motivo de en ocasiones excepcionales como cuando una horda invadía un territorio vecino sino que, como digo, el comercio, la predicación, la búsqueda de una vida mejor, la diplomacia, el espionaje o la mera curiosidad han sido fuerzas que han operado sobre los humanos desde el alba de los tiempos. 


      Dicho esto, volvamos con las momias. Una segunda cuestión que el análisis de las momias de Tarim parece plantear es que mucho antes de la llegada de los chinos o incluso los uigures a la región los primeros grupos importantes de población estable que se asentaron en la zona provenían del Oeste y no del espacio chino. Es decir, muy probablemente los primeros pobladores de la zona, aquellos a los que corresponden las momias más antiguas, muestran rasgos típicos de los pueblos ubicados en las estepas de Asia Central, aunque no se trataría de uigures sino de pueblos extintos mucho más misteriosos y antiguos.

En otras palabras la historia que cuentan las momias es que independientemente de quien se asentará en la región de Sinkiang primero, los chinos o los uigures, ciertamente miles de años antes de ellos otros pueblos ya había llegado allí provenientes de regiones más al Oeste.


       Es posible que parte de esos pueblos fuesen los míticos Tocharians (o Tokharian), una suerte de equivalente en Asia Central a lo que representan lúos y bantúes para África o los arios y los celtas para otras zonas del planeta como la India o Europa. En este caso los Tocharians serían un pueblo de pastores, quizás de orígenes indoeuropeos, que se desplazó por Asia Central justo en un período anterior al auge de la construcción de ciudades en la zona transformando el mapa étnico de las regiones por las que transitaban. Es probable asimismo que tras su paso la siguiente oleada de pobladores que se asentaron en Sinkiang fuese algún pueblo iranio.

Por supuesto ante esto los chinos argumentan que algunas momias muestran rasgos claramente chinos mientras que los uigures dicen que el hecho de que los pueblos a los que corresponden llegaran del Oeste implica que eran antepasados de los uigures los cuales también llegaron a la región desplazándose desde el Oeste.

Al final la moraleja es que en cuestiones de historia cada cual escoge interpretar el asunto desde el punto de vista que prefiere, o más bien desde el punto de vista que más le conviene.

3 comentarios:

  1. Esta entrada me ha recordado el asunto de las momias incas. Momias de niños que los incas sacrificaban habitualmente dejándolos morir de hipotermia en lo alto de los Andes. Por lo visto lo más frecuente era emparedar vivos a los niños en alguna cumbre, aunque a veces también los mataban violentamente.

    Se cree que la finalidad de los sacrificios, aparte de ofrecérselos a los dioses, podía ser infundir terror a los pueblos conquistados por los incas y así fortalecer su dominio sobre aquellos.

    Todo esto viene a cuento porque parece ser que los cronistas españoles dejaron unos cuantos relatos describiendo estos sacrificios. Relatos que durante mucho tiempo fueron tachados de falsos y de argucias para contrarrestar la leyenda negra española en América, hasta que en el siglo XX se empezaron a descubrir algunos de estos niños momificados demostrándose así que las viejas crónicas eran ciertas.

    Las últimas momias de niños incas se descubrieron hace unos años cerca de la cima del volcán Llullaillaco, en la frontera entre Argentina y Chile, y están increíblemente bien conservadas.

    Por si la historia no fuese suficientemente rocambolesca, hay que decir que uno de los que encontraron el santuario inca del Llullaillaco en los años cincuenta fue el famoso as de Stukas Hans Ulrich Rudel que, igual que otros nazis, estaba por entonces en Argentina pegándose la gran vida (y ayudando de paso a Mengele a escapar de la justicia). Rudel era aficionado al alpinismo, a pesar de que desde la guerra llevaba una pierna ortopédica.

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    1. He de decir que al principio del blog, mientras debatía que temáticas incluir, o no, en esta página, se me pasó fugazmente por la cabeza dedicar una entrada compartida del blog a Rudel y a su contraparte aliado Douglas Bader, otro piloto que combatió en la IIGM y al que en este caso le faltaban las dos piernas. Las aventuras de ambos no tienen desperdicio, pero os lo dejo a los que tratáis más a menudo ese período. En general rara vez voy a tocar nada ocurrido después de 1914-1918, salvo las excepciones que haré para hablar de cosas natsis, solo que cosas natsis más o menos serias y sobre todo aleccionadoras.

      Respecto a los sacrificios humanos... lo cierto es que pese a que los solemos asociar fundamentalmente con las culturas precolombinas y entre ellas de modo particular con el paroxismo en el que se sumieron los aztecas ya al final de su trayectoria como pueblo. Sin embargo lo que está descubriendo la arqueología es que han existido en el pasado premoderno muy pocas culturas que no practicasen sacrificios humanos en alguna medida. Incluso culturas o civilizaciones con muy buena "prensa" y cuya imagen es dibujada como mayormente pacífica y bondadosa.

      Fenicios, cartagineses, celtas, romanos, es muy posible hasta que los minoicos... todos recurrieron en algún momento de su desarrollo como pueblos a esas prácticas que hoy nos horripilan, particularmente en situaciones de extrema crisis ante desastres naturales o grandes derrotas militares. La única diferencia fue digamos el volumen, la implantación o la prolongación en el tiempo, o no, de las mismas, pero en general que nadie se engañe, el mundo hasta épocas muy recientes era un lugar aún más violento y supersticioso de lo que imaginamos.

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  2. Cuelgo aquí información sobre un cadáver de mujer accidentalmente momificado en el s. XII en Siberia cerca del Círculo Polar en el Norte de Rusia.

    https://archaeologynewsnetwork.blogspot.lt/2017/08/900-year-old-mummy-of-polar-princess.html#FuTx065EVDIplQXG.97

    Es un hallazgo curioso y hay fotos que muestran los resultados del proceso.

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